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El estallido de la huelga de los trabajadores de La Jornada, agrupados en el Sindicato Independiente de Trabajadores de la Jornada (SITRAJOR) no es un problema menor, ya que está dividiendo las opiniones de gran parte de sus lectores. En efecto, algunos grupos y sectores manifiestan el apoyo a los trabajadores y otros expresan el apoyo a los ejecutivos de la empresa.

En conflictos de este tipo los supuestos demócratas expresan de manera clara sus contradicciones y sus limitaciones, pues al ver afectados sus intereses no dudan en usar los mismos argumentos de la derecha, en el sentido de que: “los trabajadores están ganando mucho y sus prestaciones hacen que la empresa funcione sin ganancias y que se ponga en peligro la misma fuente de empleos”. O incluso, en sus intentos de deslegitimizar el movimiento de los trabajadores argumentan exactamente en el mismo sentido que el gobierno y los empresarios y consideran que los trabajadores están siendo manipulados. Por ejemplo, Paco Ignacio Taibo II y Carlos Barajas (El Fisgón) dicen que en este movimiento hay mano negra, pues La Jornada es estratégica para el 2018 y que hay manceristas encubiertos. Por su parte Blanche Petrich, argumenta que más de medio año de golpeteo y manipulación han dado sus resultados: el estallido de la huelga. Estos intelectuales ven en los trabajadores de La Jornada el peligro de que su candidato AMLO a la presidencia en el 2018 no tenga un medio de información, por lo que defienden sus intereses de partido en contra de los trabajadores.

Los directivos y algunos reporteros e intelectuales le echan toda la culpa de la crisis por la que atraviesa La Jornada a los trabajadores. Sin embargo, existen bastantes evidencias de que esta situación se debe en mucho a los malos manejos administrativos, además de privilegios y corrupción entre los directivos de la misma.

Si bien es cierto que el conflicto en La Jornada lleva más de medio año, cabe hacer algunas preguntas: ¿Por qué los directivos nunca informaron de manera abierta y amplía a los lectores de dicho medio de los conflictos internos?, ¿acaso, los lectores de La Jornada no tienen derecho a estar bien informados de lo que pasa en el medio al que han sido fieles durante tres décadas y a pesar de que muchos contribuimos al surgimiento de dicho diario con nuestra cooperación en la compra de las acciones que se vendieron para que surgiera dicho medio? Pero a la vieja usanza de los “demócratas” cuando sus intereses peligran pegan el grito en el cielo, acusando a los trabajadores de no ser tolerantes y de estar consumiendo a dicho medio con sus desmedidas prestaciones.

Un medio democrático lo primero que hace es informar a sus lectores de las condiciones internas en las que se encuentra, además les daría oportunidad a los trabajadores de que se expresen. Sin embargo, hasta hoy, después de meses de conflicto, a los lectores de La Jornada no se nos ha dado el derecho a saber las condiciones internas por las que atraviesa dicho medio. ¿Qué intentan ocultar los directivos de la empresa?

Es claro que para estos sectores solo hay dos opciones, de continuar los trabajadores con sus demandas la consecuencia es obvia, el cierre de La Jornada. O, por el contrario, para evitar lo anterior, los trabajadores tienen que aceptar las condiciones que les imponen los ejecutivos: disminuir sus salarios junto con sus prestaciones.

La Liga de Unidad Socialista (LUS) manifiesta su solidaridad con los trabajadores, ya que estos haciendo uso de sus legítimos derechos estallaron el movimiento de huelga. A su vez los miembros de la LUS, exigimos se abran los libros de contabilidad, para que se den a conocer los estados financieros de la empresa y en caso de que ésta se encuentre en una situación de insolvencia proponemos a los trabajadores que La Jornada se transforme en una cooperativa y sean los trabajadores quienes decidan los montos de los salarios y las prestaciones para todo el personal de la empresa, desde los trabajadores de limpia hasta los administradores y directivos.

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