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Parecería contradictorio decir que los actuales son días difíciles para el PRI pues, después de todo, a pesar de que perdió más de un millón de votos en las cruciales elecciones del Estado de México hace escasos dos meses, su candidato salió victorioso y Alfredo del Mazo pronto se sentará en el palacio de gobierno de Toluca tan campante como lo hicieron antes que él sus copartidarios Eruviel Ávila, Peña Nieto, Arturo Montiel y tantos y tantos otros desde hace casi un siglo. Pero sí, a pesar de la victoria mexiquense, también difícil, de julio pasado, estos días son igualmente, de hecho más difíciles para los priistas.

Se trata de que ya en plena carrera para el otro julio, el de las presidenciales del 2018, el PRI enfrenta un desafío mucho mayor al que enfrentó en el Edomex. Poniendo brevemente la cuestión se trata de dos problemas peliagudos: primero, la elección de su candidato presidencial y después la de la gigantesca tarea de lograr que sea el sucesor de Peña Nieto en la silla del Zócalo-Los Pinos.

Días difíciles para el PRI

 

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