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Editorial

Hablemos de socialismo

¿Qué está pasando en Venezuela?

La crisis que hoy vive Venezuela tiene entre sus principales causas el agotamiento de un modelo basado en rentas: petróleo, oro, cobre, etc. Una crisis que se agudizó por la caída de los precios del petróleo, por la saturación de un mercado mundial y por la apropiación de esa renta por parte de las cúpulas de la dirigencia política: MUD-PSUV [1]. Es una crisis que se enmarca en la crisis de los progresismos de América Latina que desde una supuesta posición de izquierda, han hecho concesiones con capitales nacionales y trasnacionales además de criminalizar a cualquier oposición surgida. Es momento entonces, de hablar de socialismo y no de progresismo, para entender los errores de un régimen que se está quebrando y que nos debe de servir de lección para esta lucha de clases.

Para explicar lo que sucede en Venezuela, es necesario remitirnos al pasado de la consolidación de un modelo como el chavista, que hoy día tienen continuidad e incidencia en la autodenominada República Bolivariana de Venezuela, país con las mayores reservas de petróleo en el mundo y que en los últimos meses ha sido espacio de movilizaciones tanto de la derecha y la burguesía, como de la población harta de la crisis y el desabasto.

Veremos los problemas de cualquier régimen que se diga socialista y que no acabe de fondo con la clase burguesa en sus diferentes manifestaciones, tendrá un límite en su actuar político y económico dentro de un modelo de capital globalizado. La burguesía ejerce presión sobre países en vías de desarrollo para tener una intervención y explotación de sus recursos naturales con la finalidad de apropiarse las ganancias. El análisis que haremos, tiene como objetivo impulsar una propuesta para terminar con la crisis, combatir al imperialismo y que los trabajadores tengan los medios de producción en sus manos.

El chavismo

El chavismo, es un fenómeno político surgido en torno a la figura de Hugo Chávez, que cobró fuerza después de las revueltas conocidas como el “Caracazo” en 1989 contra un gobierno autoritario y políticamente dependiente de Estados Unidos como lo fue el del presidente Carlos Andrés Pérez. En el Caracazo, los venezolanos se levantaron contra un sistema que los había sumido en la pobreza. Durante las revueltas, se dieron saqueos a tiendas departamentales en busca de productos de primera necesidad, como respuesta, el presidente Pérez, suspendió las garantías individuales y atacó a la población con fusiles y tanques argumentando que buscaba la estabilización del país. Esta agresión generó decenas de muertos y un descontento mayor por parte de la población, que en lugar de detenerse, lo enfrentó. Desde entonces, se generó un clima de inestabilidad política que se fue agrupando en torno a la figura de Hugo Chávez, quien en 1992 organizó un intento de Golpe de Estado contra Pérez. Chávez, luego de la intentona golpista, fue encarcelado. Pero para 1998 decidió participar en las elecciones y su encarcelamiento le favoreció para ganar simpatizantes. En 1999 asumió la presidencia y mandó llamar a una Asamblea Constituyente, donde varios de los diputados nombrados, fueron partícipes de la intentona golpista en 1992 y seguidores del chavismo. Chávez asumió la presidencia en 1999 y hasta 2013, año en que murió.

Teniendo como respaldo la renta petrolera, el gobierno de Chávez nacionalizó las principales industrias, creó los Consejos Comunales de participación democrática e implementó una serie de programas sociales que facilitaron a las masas el acceso a la alimentación, la vivienda, la sanidad y la educación. La calidad de vida de las masas mejoró, principalmente entre 2003 y 2007. Mientras la renta petrolera era alta, el gobierno de la revolución bolivariana se mantuvo fuerte, hubo cierta estabilidad en el país, y se pudieron llevar a cabo reformas sociales para las masas. Sin embargo, el chavismo pagó indemnizaciones a la burguesía o simplemente no expropió, llegando a acuerdos comerciales con la burguesía para mantener esos pocos privilegios hacia la población. Incluso el Estado se endeudó con organismos financieros internacionales para mantener artificialmente la estabilidad monetaria y el bienestar social.

A este periodo en que el chavismo cobró fuerza, se le autodenominó “Revolución Bolivariana”, la cual no es otra cosa que la toma del poder por parte de Chávez en un proceso de contradicciones económicas, políticas y sociales para la implantación de un modelo conocido como “Socialismo del siglo XXI”, que es una actividad de libre mercado junto con una fuerte intervención estatal, esto es, una manera de reformar el capitalismo pero con ideales basados en impulsar el patriotismo, una aparente democracia e ideales de Simón Bolívar, quien apostaba por el reparto de tierras y la libertad individual. El proyecto, pudo ser llevado a cabo debido a la renta petrolera que producía ese país, ya que se contaba con una estabilidad en los precios a nivel mundial. Esta revolución, no alteró la estructura de las relaciones capitalistas de producción, el Estado mantuvo su carácter burgués, repartido entre la facción nacionalista de la burguesía, esto es, la boliburguesía y, la burguesía a secas.

La continuidad del chavismo, la tenemos ahora en el presidente Nicolás Maduro, quien apoyó el intento de golpe de 1992 y Vicepresidente durante el gobierno de Chávez, subió al poder en 2013. Su proyecto político y fuerza social que presiden a Maduro, tuvieron como base el reparto de la renta petrolera, la cual fue destinada a programas de ayuda y de supuesto desarrollo social. Sin embargo, fueron medidas populistas que no solucionaron una crisis que se viene arrastrando desde décadas atrás, sino por el contrario, la profundizaron al no ser un una propuesta política que plantease la transformación de raíz en un periodo no lejano.

Todo lo anterior, es el antecedente del panorama que tenemos hoy día. La crisis nunca desapareció, se pudo estabilizar pero el “socialismo del siglo XXI”, como toda reforma al capital, tiene su límite para resolver los problemas históricos del proletariado. Es la razón, por la que la deuda externa y la inflación se incrementaron. Recordemos por ejemplo, que una de las primeras medidas de Chávez fue la aprobación en 1999 de una nueva constitución en Venezuela impregnada de un carácter estatista. Durante su campaña electoral, Chávez no se declaraba socialista, fue hasta que tomó el poder que empezó a caracterizar su proceso reformista como una revolución antiimperialista encaminada hacia el socialismo, pero muy a su manera.

A modo de resumen, podemos decir que fue en el año de 1989 que entró el neoliberalismo a Venezuela. El “caracazo” fue el inicio de nuevas contradicciones que surgirían y que el chavismo no resolvió. Y, por el contrario, el chavismo se convirtió en una nueva burocracia nacionalista dentro de Venezuela. Lo que el neoliberalismo y la globalización implican es el carácter internacional de la economía; un proyecto nacionalista, sin una posición revolucionaria e internacionalista, sin duda se aislaría. Y fue exactamente eso lo que sucedió en Venezuela. Nos encontramos frente a un quiebre de un modelo que logró contener las movilizaciones sociales, pero que no resolvió las contradicciones internas que las provocaron. Cualquier sociedad dividida en clases contiene en sí misma el germen de la opresión, de ahí que la boliburguesía y la existencia de la burguesía a secas en Venezuela, sea un reflejo del fracaso de un proyecto de socialismo del siglo XXI que no ve la lucha de clases como eje.

Desde la perspectiva del socialismo científico de Marx y Engels, Venezuela y su supuesto socialismo no está encaminada a una transformación socialista de la sociedad, de ahí que se deba cuestionar el uso de término. Un régimen socialista debería apuntar a la superación del subdesarrollo y la dependencia económica de la renta petrolera; avanzar en el desarrollo de las fuerzas productivas; promover el desarrollo científico, tecnológico y técnico[2]. No importa cuántas y cuáles hayan sido las prebendas sociales que aportó la revolución bolivariana, con sus reformas y el grado de distribución de la renta aportado a estos programas sociales, el chavismo es un régimen de alianzas de facciones de clase con dominio de la burguesía, lo que Marx denominó “bonapartismo”, en donde el dominio burgués se ejerce a través de un poder autoritario, respaldado aparentemente por la mayoría del pueblo a través de la democracia. El Estado bonapartista venezolano reúne facciones nacionalistas de la burguesía y pequeño-burguesía, también cuenta con amplios sectores de los trabajadores agrupados en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y en los sindicatos afines o controlados por medio de las cúpulas, a las políticas chavistas. Las fuerzas armadas son uno de los pilares que mantienen en pie al proyecto chavista.

No obstante, nos encontramos frente a una ofensiva imperialista, que ve en los procesos de crisis una oportunidad para tomar un control que nunca perdió del todo. Pese a ser muy críticos con el chavismo, debemos señalar y combatir cualquier intento imperialista de entrar a las fronteras de Venezuela. Debemos organizar y promover la unidad contra el imperialismo, sin ninguna confianza a la burguesía. No toda la gente que sale a las calles es de derecha, pero sí son personas que padecen la situación de las pésimas políticas aplicadas por el chavismo. Por consiguiente, la amenaza de una intervención imperialista sería un duro golpe no sólo para el proletariado de Venezuela sino para todos los sectores proletarios de Latinoamérica, es algo que no debemos permitir. Es por eso que el proletariado venezolano debe movilizarse y organizarse independiente de los sectores burgueses, ni con el chavismo ni con la burguesía, el único camino para salir de la crisis es creando un tercer polo que le dé continuidad a la luchas del pasado rumbo a una transformación radical de las relaciones de producción.

La existencia de la boliburguesía y sus malas decisiones políticas al no romper de lleno con el capitalismo y la burguesía Venezolana, hoy en día justifican la intervención imperialista, ya que advierten que como ellos no han podido resolver la crisis, es hora de que la derecha se haga cargo. Pero no existe mentira más grande que esa. Como hemos visto, el éxito del chavismo en los 90 se encuentra en la inexistencia de una oposición revolucionaria e independiente en Venezuela y su crisis actual, es causada por las contradicciones entre clases que se buscaron reformar pero no terminar. De ahí que no todo está perdido: frente a la amenaza imperialista, la única solución es la organización popular. Si se diera un Golpe de Estado contra Maduro, sin duda alguna habría que denunciarlo y rechazarlo, apoyando contra el golpe pero advirtiendo que una vez triunfante la ofensiva, se buscará que la clase trabajadora tome el poder. No existe otra solución a los problemas de Venezuela que la radicalización de las movilizaciones en pro de un socialismo democrático, independiente e internacionalista.

Ahora entonces ¿Qué hacer?

Como militantes de la Liga de Unidad Socialista, los integrantes de la dirección de GCM, pertenecemos a una corriente internacionalista y revolucionaria, que tiene como base la teoría de la revolución permanente contra todo intento de burocratización o de aislamiento de las revoluciones. La revolución permanente sostiene que cualquier tipo de revolución debe de radicalizarse para convertirse en socialista, con una perspectiva internacionalista. Esto significa, que si bien, en algún momento no se pudo contar con una estructura organizada del proletariado y se tuvo que apoyar con fines tácticos a un grupo combatiente, en el momento en que triunfe, uno debe luchar por mantener una política independiente a ellos y de buscar de forma inmediata la creación de un polo proletario que le haga frente y busque la toma del poder para los trabajadores.

Eso pasó con la revolución de febrero de 1917, Lenin en las tesis de abril[3], dice que ha triunfado el Gobierno Provisional, pero que hay un príncipe del zarismo al frente, por lo cual la revolución no está concluida, sino es apenas el comienzo de algo mayor, por tanto Lenin, en dichas tesis, asegura que mientras el Gobierno Provisional esté sometido a la influencia de la burguesía nuestra “misión debe consistir en explicar que esa táctica no dará pie a una revolución socialista, sino que se detendrá y al no resolver las exigencias de la clase trabajadora, restaurará el capitalismo, si es que antes el proletariado no lucha por acabar con él”. De ahí, que señale la necesidad de que poder debe estar en manos de los trabajadores.

Lo anterior, nos sirve como ejemplo histórico para explicar qué ha sucedido con el chavismo. Si bien, en su momento la oposición a Pérez se veía aglutinada en el chavismo, el propio Chávez no rompió con el imperialismo de una forma tajante, sino negoció intereses para evitar conflictos. El trabajo de un ala radical y crítico al chavismo, debió de consistir en colocarse como oposición y buscar que el Estado esté en manos de los trabajadores. Al no ser así, la burocracia comenzó a surgir. Chávez se reeligió tantas veces pudo para centralizar el poder y Maduro, a la muerte de Chávez, buscó hacer lo mismo para que esta boliburguesía que se consolidó anteriormente, no perdiera el poder.

Los conflictos que hoy tenemos en Venezuela, son producto de un estancamiento de los movimientos sociales y de las contradicciones de la revolución bolivariana, que no tuvo como objetivo acabar de raíz con los problemas económicos que sometieron a la población. Hoy día, el claro ejemplo es que teniendo una crisis alimentaria de la población, los chavistas siguen pagando la deuda externa, dinero con el cual, podrían contrarrestar la pobreza y crisis actual. Por otra parte, la burocracia sale a relucir desde el momento en que se canceló la democracia sindical en dicho país. No hay opción a elecciones dentro de los sectores de trabajo, que se ven obligados por sus cúpulas a trabajar bajo concesiones ante empresas extranjeras.

Lo que vemos en Venezuela es el agotamiento de un modelo que encubría los intereses de burguesía, tanto nacionalista como imperialista. Tenemos que, cuanto más complejos se vuelven los problemas económicos y cuanto más crecen las exigencias y los intereses de la población, más agudas se vuelven las contradicciones entre el régimen burocrático y las exigencias del desarrollo socialista. La burocracia resuelve esas contradicciones elevándose por encima de las masas trabajadoras, pero no resuelven un problema que ahora al proletariado venezolano le toca hacerse cargo: crean un tercer polo socialista, bajo la advertencia que de no ser así el capitalismo se restaura ahí. Como dijimos, el capitalismo tiene una forma globalizada, así que no podamos esperar combatirlo desde un solo país, aunque si bien, debe comenzar de forma nacional, es necesario hacer un llamado al proletariado internacional para que comencemos juntos un proceso de revolución permanente que combata a este modelo económico que se sostiene por la miseria y el hambre.

El problema de los progresismos en América Latina, radica en los límites que tienen dentro del capital al buscar reformarlo y no transformarlo. Esta situación de Venezuela es la misma que padece Cuba en estos momentos. De ahí, la importancia del rescate de la teoría de la revolución permanente, ya que solo un proceso de radicalización y de destrucción del capital y de las clases sociales, resolvería las exigencias del proletariado. La implementación del socialismo no es una tarea fácil, pero de alguna forma se debe comenzar, de ahí que pensemos que el primer paso debe ser la instauración inmediata del control de la producción social y la distribución de las rentas del petróleo entre los trabajadores y trabajadoras venezolanas. Sostenemos que el momento exige un programa de transición hacia un gobierno proletario en Venezuela, que le haga frente a los embates del imperialismo y sea crítico al chavismo. De las cosas que debe contener son las siguientes:

* Construcción de un tercer polo ante el chavismo y el imperialismo: el proletario

* No pago de la deuda externa

* Expropiación a las empresas petroleras [Sin indemnización]

* Ningún apoyo ni alianza con la burguesía

*Ninguna concesión con trasnacionales

*Organización proletaria

* Todos contra Trump y contra todo imperialismo

* Por la creación de los Estados Unidos Socialistas de América Latina

* Hacer un llamado a la solidaridad internacional para el intercambio comercial

* Llamado a elecciones con revocación de mandato

* Aumento salarial de emergencia.

* Freno a la inflación sin afectar los ingresos obreros, sean salarios, planes sociales, misiones, etc.

* Desaparición del cuerpo antimotines y por el desarme de todos los elementos represivos paraestatales.

¡Por un gobierno campesino, indígena y popular!

¡ Por un internacionalismo revolucionario!

Dirección de Guerrilla Comunicacional México

militantes de la Liga de Unidad Socialista

México, lunes 30 de mayo de 2017.

Notas

[1] Venezuela. La salida y alternativa están abajo.
https://www.aporrea.org/ideologia/a245155.html 

[2] Rolando Astarita. Socialismo chavista.

https://rolandoastarita.wordpress.com/2010/09/10/socialismo-chavista/ 

[3] Lenin. Tesis de abril
https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/abril.htm 

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