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Héctor A. Rivera, en colaboración con un miembro del Colectivo Acción y Resistencia, reporta sobre el panorama político mexicano a un año de las elecciones del 2018.

LA CAMPAÑA electoral presidencial en México ha comenzado antes de lo previsto, y ha generado una gran expectativa para las elecciones del próximo año.

Tras seis años de Peña Nieto, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha perdido todo rastro de popularidad y legitimidad y parece ir en camino a una pésima actuación en los comicios presidenciales del 2018.

Bajo este panorama política, la izquierda radical está en búsqueda de alternativas para salir de la crisis social que envuelve al país.

La elección en el Estado de México de este año fue importante porque demostró los problemas que el PRI enfrenta. Sin embargo, esta elección también demostró que el PRI no está dispuesto a dejarse ganar y que recurrirá, como siempre, al fraude electoral para mantenerse en el poder.

Durante la campaña, el candidato del PRI, Alfredo del Mazo, se mantuvo virtualmente empatado con la candidata del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), “La Maestra” Delfina Gómez, pero ganó porque utilizó varios recursos del Estado y ayudas del gobierno federal para comprar votos. Una de estas ayudas fue el llamado “Salario Rosa”, una tarjeta de débito para garantizar un salario a las amas de casa.

Como resultado, la candidata de MORENA perdió la elección por tres puntos porcentuales. Durante toda la campaña hubo irregularidades y los partidos levantaron denuncias con las autoridades electorales del estado, sin embargo, estas no sancionaron al PRI porque éste las controla. Ahora, MORENA y los otros partidos plantearon denuncias ante el Instituto Nacional Electoral.

Pero es ingenuo creer que una acción legal forzará al gobierno anular la elección, después de todo, ya le robaron dos elecciones a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), una en 2006 y otra en el 2012.

SI HAY fraude electoral en el 2018, y casi por seguro lo habrá, AMLO no va a poder sumar una oposición en las calles, porque ha buscado alianzas con los mismos políticos y empresarios que él denuncia para tratar de asegurar su victoria.

Rumbo a las presidenciales, López Obrador parece ser el único candidato claramente definido de entre los partidos principales y desde marzo del 2016 se ha posicionado en los primeros lugares de las encuestas.

Parte del interés en AMLO es él que no pertenece al duopolio del PRI y el PAN, y su campaña también ha recibido mucho interés por su discurso contra la clase política y empresarial que ha hundido a México en la pobreza durante décadas.

Sin embargo, las nuevas alianzas de AMLO ponen en cuestión la vigencia de su proyecto como una alternativa para la izquierda, pues sus nuevos aliados incluyen políticos y empresarios que pertenecen a la “Mafia del Poder” que él mismo denuncia.

Uno de estos aliados es Esteban Moctezuma, quien previamente fue Secretario de Gobernación durante el sexenio de Ernesto Zedillo. Moctezuma también es presidente de la “Fundación Azteca”, que pertenece a uno de los hombres más ricos de México, Ricardo Salinas Pliego.

Otro aliado cuestionable es Alfonso Romo, antes consejero de la transnacional mexicana CEMEX y ahora coordinador del equipo del “Proyecto de Nación” de Morena. En el pasado, Romo ha hecho comentarios sobre el expresidente chileno Salvador Allende, diciendo que debería de haber sido acusado de asesino, lo mismo que el dictador Augusto Pinochet.

Otros miembros de la elite mexicana que han encontrado partido en Morena son Miguel Torruco y Marcos Faschlit, los dos suegros de los hombres más ricos de México: Carlos Slim y Emilio Azcárraga, respectivamente.

Además de estas alianzas, la agenda política de AMLO deja mucho que desear. Por ejemplo, para contrarrestar las agresivas políticas de Donald Trump, AMLO ha prometido atraer más mineras canadienses al país, las mismas compañías que han desposeído y desplazado a comunidades en todo el país.

AMLO tampoco cree que le renacionalización del petróleo sea viable y planea atraer más capital extranjero porque la nación no tiene la capacidad de extraer el beneficio.

Todo este trasfondo ayuda a entender porque MORENA ha sido rebautizado como la nueva Arca de Noé: porque ayudará a salvar a políticos y empresarios del diluvio del 2018.

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SIN EMBARGO, uno de los acontecimientos más importantes en camino a las presidenciales del próximo año es el anuncio del Congreso Nacional Indígena (CNI), una organización con fuerte influencia del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), de proponer a la vocera del Congreso, María de Jesús Patricio Martínez, o “Marichuy”, como candidata a la presidencia.

Marichuy es una mujer indígena de Tuxpan, Jalisco, practicante de medicina tradicional, ha sido una luchadora social y militante en varias organizaciones indígenas y de izquierda.

Desde el anuncio en mayo, miembros de MORENA respondieron con ataques misóginos y racistas en las redes sociales, a tal punto que la dirección nacional de MORENA tubo que reprocharlos públicamente.

Sin embargo, la dirección nacional de MORENA reconoce que la candidatura de Marichuy es un verdadero reto, pues pone en cuestión su reclamo de ser la única opción viable para la izquierda. Como consecuencia los intelectuales de MORENA han doblegado sus esfuerzos en la prensa y en los medios para convencer a la izquierda que de sus alianzas son necesarias para ganar más votos en 2018.

Esta estrategia legalista y electoralista contrasta mucho con la campaña que están planeando el CNI y sus aliados, quienes dicen estar compitiendo, no por los votos en el 2018, sino por algo más grande: la organización de los pueblos y los movimientos.

En este sentido la campaña de Marichuy es crucial, pues tiene el potencial de organizar los movimientos sociales en el campo y la ciudad, que hasta ahora no han gozado de coherencia y coordinación a nivel nacional.

La crisis de legitimidad que sufre el Estado ha abierto la puerta para proponer soluciones más radicales a los problemas que envuelven el país, y al parecer, La Otra Campaña del CNI está dispuesta a llevar su lucha más allá se las urnas.

Con todo esto, el reto para la izquierda será converger en una campaña que pueda contestar por el poder desde abajo, con la campana del CNI pareciendo ofrecer esa propuesta. Una de sus consignas lo dice todo: “¡No vamos por votos! ¡Vamos por todo!”

7 razones para apoyar a Marichuy, la candidata indígena del CNI

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