Por Barry Grey

La volatilidad en los mercados bursátiles de Estados Unidos e internacionalmente se disparó el viernes ante una marcada disminución en los precios de las acciones. El índice bursátil Dow Jones se derrumbó 665 puntos o 2,54 por ciento, su mayor caída desde junio del 2016, siendo acompañado por desplomes similares en los otros índices bursátiles de EUA, una venta rápida de acciones en los mercados europeos y una caída de 1,68 por ciento en el índice alemán DAX.

Con el desplome del viernes, los principales índices estadounidenses registraron su peor semana en dos años. La prensa financiera explicó las ventas de acciones con los aumentos en las tasas de interés de los bonos del Gobierno estadounidense y la publicación el viernes del reporte sobre la situación laboral, que mostró un brinco anual del 2,9 por ciento en el salario promedio, su mayor incremento desde el 2009.

Queda por verse si la liquidación de acciones del viernes marca el comienzo de una implosión de burbujas de activos sobre las cuales han advertido cada vez más economistas. Sin embargo, independientemente del comportamiento inmediato de los mercados, hay muchas indicaciones de que tal aumento en la volatilidad constituye un punto de inflexión en la crisis económica y política del capitalismo global.

La confluencia de factores subyacentes tiene en su nucleo las claras señales de un resurgimiento de las luchas de la clase obrera a nivel internacional. La clase gobernante estadounidense reaccionó con alarma al modesto incremento en los salarios en enero porque lo asocia con un crecimiento de la militancia de la clase obrera y la determinación para recuperar lo que le han quitado en salarios, puestos de trabajo y niveles de vida en las últimas cuatro décadas.

El reporte sobre la situación laboral fue publicado contra el trasfondo de un resurgimiento de resistencia obrera en Europa. Cientos de miles de trabajadores industriales alemanes están realizando paros para revertir las décadas de austeridad y de ensanchamiento de la desigualdad social emprendiendo la mayor acción obrera en 15 años.

La efervescente militancia de los trabajadores está complicándoles a los dirigentes sindicales la imposición de un trato entreguista. Más allá, la huelga está amenazando con socavar las negociaciones entre los socialdemócratas alemanes, quienes cuentan con el respaldo de los sindicatos, y los partidos conservadores. Esto constituiría la instalación del Gobierno más derechista y militarista desde la caída del Tercer Reich de Hitler.

Las huelgas en Alemania sucedieron luego de protestas de masas en Grecia contra el Gobierno de Syriza, paros de los trabajadores automotrices en Europa del Esta, huelgas ferroviarias en Reino Unido y manifestaciones de las masas obreras en Irán y Túnez.

El aumento en los salarios estadounidenses es un importante factor detrás del súbdito incremento en las tasas de interés, lo que amenaza con dañar el cimiento del periodo de bonanza del mercado bursátil y del obsceno enriquecimiento de la élite corporativa-financiera, particularmente desde el colapso de Wall Street del 2008. El rendimiento de los bonos del Tesoro de EUA subió a 2,85 por ciento, su punto más alto en cuatro años, mientras que también han subido en Europa.

El New York Times escribió, “El catalizador inmediato [de la caída] fue el informe de empleos que mostró que una economía estadounidense fuerte podría finalmente estar produciendo salarios más altos para los trabajadores estadounidenses —una señal de que una inflación más alta podría estar a la vuelta de la esquina”.

El columnista del Financial Times, John Authers, comentó: “El tiburón es cada vez más difícil. Por años ya, la posibilidad de un brusco giro hacia arriba en el rendimiento de bonos y de un regreso a la psicología de la inflación ha sido por mucho el riesgo más amenazante para los mercados. Como en el clásico de Stephen Spielberg Jaws, el peligro siempre está ahí, bajo la superficie, pero en gran medida es solo sospechado y no visto. Cuando el monstruo finalmente entra en escena, es terrorífico…”.

Otros factores detrás de la crisis en los mercados incluyen:

• El recrudecimiento de tensiones geopolíticas y económicas, con el peligro inminente de guerras militares y económicas conducido por la agenda de “EUA primero” del Gobierno de Trump en promoción del nacionalismo económico y el militarismo.

• La inestabilidad política dentro de EUA, Alemania, Reino Unido, Francia y otras de las principales potencias. La élite gobernante estadounidense está sumida en una guerra política interna, la cual amenaza a la Administración Trump misma; Alemania todavía no ha formado un nuevo Gobierno cinco meses después de su elección nacional; la élite gobernante británica se encuentra irremediablemente dividida respecto a su salida de la UE o brexit, con un Gobierno visto como un “pato cojo”.

• Una enorme cuenta de deuda pública y corporativa. Un fin a las bajas tasas de interés amenaza con sumergir en la bancarrota a corporaciones y países enteros que han dependido de la disponibilidad ilimitada de crédito barato.

Desde el 2009, el Gobierno estadounidense y la Reserva Federal han garantizado la oferta profusa de dinero virtualmente gratis para los bancos, los fondos de inversión y los grandes inversionistas. Lo han hecho manteniendo las tasas de interés a niveles ultrabajos e inyectándoles efectiva a los mercados financieros a través de la operación de impresión de dinero llamada “expansión cuantitativa”. Con los principales Gobiernos imperialistas y los bancos centrales en Europa y Asia siguiendo el ejemplo de EUA, fueron transferidos billones de dólares en activos sin valor del balance de los bancos a las cuentas estatales.

Correlation between strike levels and wealth concentration: 1948-2014

 

Esta enorme operación para rescatar a la oligarquía financiera global de las consecuencias de sus propios crímenes y asegurar su enriquecimiento continuo se ha realzado a costas de la clase obrera. Se han utilizado medidas de austeridad, recortes salariales y la aceleración del ritmo de trabajo para empeorar los niveles de vida y las condiciones sociales de las masas. En EUA, esta ha sido la política que han perseguido funcionarios tanto demócratas como republicanos.

Los últimos diez años han sido testigo de un recrudecimiento de las décadas de contrarrevolución social. La intensidad y efectividad de esta ofensiva burguesa se ha puesto de manifiesto en el alza en los precios de las acciones desde el Gobierno de Reagan.

Este proceso ha dependido de la supresión de la lucha de clases. La burguesía ha necesitado a los sindicatos para suprimir la oposición obrera, prevenir, aislar o traicionar huelgas. El meteórico ascenso de los precios de las acciones se ha producido en relación inversamente proporcional a la reducción y virtual desaparición de las huelgas en EUA durante este periodo.

Sin embargo, la capacidad de la burguesía para contar con los sindicatos para vigilar y contener a los trabajadores está colapsando. En EUA, el sindicato automotor UAW quedó completamente expuesto y desacreditado por un escándalo de corrupción que involucró sobornos de las compañías a los funcionarios sindicales, a cambio de la imposición de contratos entreguistas.

Como lo ha subrayado el World Socialist Web Site a principios de este año, el 2018 estará marcado ante todo por un incremento en las tensiones sociales y un resurgimiento de las luchas obreras a nivel internacional.

El largo ciclo histórico dominado por la supresión artificial de la lucha de clases está llegando a su fin. En su lugar, ha comenzado un nuevo periodo de contraofensiva de la clase obrera para recobrar todo lo que ha perdido y más.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de febrero de 2018)

Con información de World Socialist Web Site

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