El enorme desarrollo que ha adquirido el movimiento de la mujer, bajo expresiones cada vez más radicalizadas -la acción directa, la huelga, etc.- es indisociable de la tendencia general a la rebelión popular que recorre el mundo, acicateada por la crisis mundial.

En todos lados, la movilización de las mujeres por sus derechos va acompañada con reivindicaciones contra la precariedad laboral y la miseria social, y en muchos países por demandas políticas contra los gobiernos capitalistas.

Adquiere en todas partes una proyección política: ya sea cuando plantea la República en España, la rebelión popular contra la teocracia capitalista en Irán, la lucha contra el gobierno clerical-derechista de Polonia o la lucha contra los Macri y Temer en América Latina. El entrelazamiento de la movilización femenina con la lucha de clases de los trabajadores y la intervención en las crisis políticas en desarrollo anticipa una rebelión popular internacional.

La lucha por el derecho al aborto es un claro ejemplo de esta tendencia. El histórico método de la huelga fue retomado por las mujeres polacas, que hicieron retroceder al gobierno clerical en sus pretensiones de restringir el acceso al aborto legal. En la ‘católica’ Irlanda, la legalización, en principio, del aborto fue arrancada en un masivo referéndum, por el 70% de los votantes. En todos lados, la lucha por el derecho al aborto enfrenta el ataque de las instituciones religiosas y de la reacción política.

En América Latina, un nuevo movimiento para alcanzar el derecho al aborto está en aumento. En Argentina, el país del Papa, la sanción del aborto logró la media sanción en el Congreso, como consecuencia de una movilización de envergadura inédita, que obligó al cambio del voto en contra de una decena de diputados. Las enormes movilizaciones de masas por la legalización se combinan con una profunda crisis de régimen político. En Brasil, Paraguay, Uruguay, México, Colombia y diferentes países de Centro América están surgiendo movimientos de lucha por el aborto legal.

En todos lados, la Iglesia católica interviene activamente contra el derecho al aborto. Existe una acción política organizada de la Iglesia para apartar de esta lucha al movimiento obrero, mediante la intervención de la burocracia sindical, varios sectores del nacionalismo y los “curas villeros”. En Nicaragua, el gobierno de los Ortega le ha concedido al clero la prohibición en regla del aborto. Además, las burocracias sindicales y los “movimientos sociales” son agencias del Vaticano. También intervienen las iglesias evangélicas (como en Brasil, donde proliferan como hongos) para contener el desarrollo de la tendencia a la rebelión social.

En países de mayoría musulmana, el aumento de los movimientos sectarios y takfiris, así como las formas más modernas de Islam político, tales como el despotismo teocrático de Irán, o el despotismo rabioso emergente de Erdogan en Turquía, crean, en diferentes grados, un entorno general en el que todos los derechos de las mujeres son atacados. En Irán, incluso el desafío de las mujeres a la obligación legal de usar el hedjab está siendo reprimido. En Turquía, donde existe una forma restringida de aborto legal desde 1982, Erdogan lo ha cuestionado al compararlo con una masacre, aunque el gobierno se abstuvo de atacar el arreglo legal vigente bajo la presión de la impresionante ola de protestas que barrió las grandes ciudades. En países como Arabia Saudita, la nueva cara del fundamentalismo wahabí está embellecida por cambios cosméticos, como el derecho a conducir automóviles lujosos para las mujeres de la familia real y la alta sociedad rica, mientras el régimen niega ferozmente cualquier otro derecho.

Donald Trump ha iniciado, en Estados Unidos, la contraofensiva para arrebatar el pueblo norteamericano el derecho al aborto conquistado hace un cuarto de siglo. Para eso pretende recurrir a la Corte Suprema de mayoría derechista. El contraataque responde al propósito de iniciar una etapa de reacción política en ese país y en el resto del mundo. Los trabajadores deben advertir que el ataque contra los derechos de las mujeres es la punta del ovillo de una ofensiva contra las libertades democráticas y contra la clase obrera.

En momentos en que el movimiento femenino tiende a rebalsar el marco del Estado capitalista con reivindicaciones políticas más osadas, convocamos a una organización socialista de la mujer trabajadora. La conquista de derechos formales para la mujer ha ido acompañada por un aumento de la desigualdad social, de la discriminación social y de la miseria social de la inmensa mayoría del mundo femenino; solamente una minoría de mujeres ha avanzado socialmente por medio de la cooptación de las grandes corporaciones a sus gerencias y directorios. La emancipación de la mujer es, en definitiva, la tarea política de una revolución proletaria. En oposición a la consigna del “empoderamiento” de la mujer, planteamos la toma del poder por parte de las mujeres trabajadoras, por medio de la lucha de clases de la clase obrera.

Mientras en los directorios y gerencias de las corporaciones y de las entidades financieras se libra una despiadada ‘lucha de género’ por la toma del comando de la explotación capitalista, llamamos a la unidad, al respeto, a la colaboración, a la fraternidad, el compañerismo y a compartir los sacrificios de los hombres y mujeres de la clase obrera, en una lucha por la abolición de la explotación social, la violencia de clase y las guerras.

¡Por la independencia del movimiento de la mujer de la tutela de los profesionales y políticos de la clase capitalista y por la unidad de acción con la clase obrera! Convocamos a la clase obrera a apoyar las luchas por las reivindicaciones femeninas y por el derecho al aborto, y a convertir esas luchas en una rebelión de todo el pueblo. Sólo el obrero que lucha hombro a hombro con las mujeres, por la causa de la mujer, puede reivindicar una conciencia de clase.

Llamamos a las mujeres en lucha a convertirse en militantes socialistas. Por la organización socialista de la mujer trabajadora y por la construcción de un partido político independiente del proletariado.

• Por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Por una educación socialista, que es la única que ofrece una perspectiva humana a las relaciones de pareja.

• Por la separación de la Iglesia y las instituciones religiosas del Estado y por la confiscación de las inmensas propiedades del Vaticano y las iglesias en todo el mundo.

• Por el retiro de las instituciones religiosas musulmanas de la vida política, del sistema legal en general, de la educación y de la intromisión en la vida de las mujeres; sobre la base del secularismo proletario, explicamos a los trabajadores que las divisiones religiosas y sectarias enfrentan a los trabajadores entre sí y sirven al propósito de nuestro enemigo de clase común, los capitalistas.

• Por la unidad de acción internacional de los movimientos de mujeres en lucha

• Por partidos obreros revolucionarios y por una Internacional Obrera y Socialista

Declaración votada en el Encuentro Euro Mediterráneo de Emergencia, reunido del 23 al 25 de julio, en Eretria, Grecia.

 De Grecia: EEK (Partido Revolucionario de los Trabajadores), NAR (Nueva Corriente de Izquierda para la Liberación Comunista), Syntonismo/Coordinación de Sindicatos, Estudiantes y movimientos locales por los Refugiados, y activistas que trabajan por los refugiados en los “puntos calientes”.
De Argentina: Partido Obrero
De Turquía: el DIP (Partido Revolucionario de los Trabajadores)
De Rusia: OKP (Partido Comunista Unificado) y RPK (Partido Ruso de Comunistas)
De Finlandia: MTL (Liga Marxista de los Trabajadores)
De España: GIO (Grupo Independencia Obrera)
De Francia: ROR (Renacimiento Obrero Revolucionario)
De Italia: Prospetivva Operaia
De Gran Bretaña: miembros del consejo editorial de Critique
De Sudáfrica: militantes del movimiento Unidad
De Hungría: Revista Eszmélét
De Azerbaiyán: Grupo Həqiqat (“La Verdad”).
Adhiere: PT de Uruguay

fuente

Compartir: