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La actuación de las autoridades mexicanas ante el desastre provocado por el sismo del pasado 19 de septiembre ha dejado mucho qué desear, en particular porque las instituciones de gobierno no han desarrollado un comando de incidente que logre poner orden y aproveche la capacidad de los miles de voluntarios que se presentaron para ayudar a quien lo necesitaba.

Así lo afirmó Gerardo Rito Moreno, comandante del Grupo Internacional de Rescate Topos Azteca, quien lamentó que muchos servidores públicos se dedicaron a obstaculizar las labores de rescate de personas atrapadas por un afán de “protagonismo”.

En entrevista con La Jornada, el bombero con especialidad en rescate en alturas explicó que un comando de incidente consiste en un grupo de personas que se dedica a administrar los recursos materiales y humanos con los que se cuenta al ocurrir una desgracia, y utilizarlos de la mejor manera para hacer eficiente el trabajo.

“Haces una lista del personal con el que cuentas: paramédicos, bomberos, rescatistas, ingenieros, plomeros, carpinteros, etcétera. El comando reparte ese personal a donde hace falta y sabe por cuánto tiempo, qué herramientas necesitan y cuándo hay que relevarlo, en una hora y media o dos, para mandarlos a control de emociones, alimentación e hidratación”, señaló.

Por desgracia, afirmó el también especialista en ingreso a estructuras colapsadas, muy pocas instituciones en México saben organizar este tipo de comandos o tienen suficiente personal capacitado para rescatar personas atrapadas bajo los escombros.

Salvo algunas unidades del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) y la Cruz Roja, “casi nadie tiene una sagrada idea de cómo hacerlo. El Ejército y la Marina tienen un equipo que se llama USAR que es excelente, pero no andan en todos los edificios. Yo vi policías y soldados golpeando lozas con martillos, sin saber el desastre que podían provocar”.

En vez de coordinar los esfuerzos de rescatistas profesionales y voluntarios, “las fuerzas federales llegan a la zona del colapso, la absorben y no permiten el acceso a nadie, cuando no todos (los soldados o marinos) tienen los conocimientos. Llegan en su plan de ‘soy el Ejército, tengo armas y no te dejo pasar'”.

Para Rito Moreno, el origen de ese comportamiento es “meramente protagonismo: quieren figurar ellos al 100 por ciento. El gobierno quiere tener todos los reconocimientos”.

Un ejemplo de ello, subrayó, fue el de un derrumbe en la calle de Enrique Rébsamen, en la colonia Narvarte, donde una integrante de Topos Azteca insistió durante al menos dos días para que los funcionarios de Protección Civil le permitieran el ingreso para rescatar a una mujer llamada Laura, atrapada en los escombros.

“Cuando se cansaron –narró el especialista–, dijeron ‘hagan lo que quieran. Si firman su responsiva, se pueden meter’. Un ingeniero voluntario dictaminó que no había problema (de entrar al inmueble colapsado) y en una hora y 41 minutos, mi compañera encontró el cuerpo. De inmediato los soldados la sacaron, metieron a un perro y dijeron ‘que conste que el perro la encontró'”.

De haberles permitido antes el ingreso al lugar del derrumbe, “muy probablemente la hubiéramos sacado con vida. Ellos hicieron el rescate del cuerpo, cuando dos días antes casi se agarran a golpes con un familiar y la intimidaron” para no autorizar el ingreso de rescatistas.

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