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Por Jerry White

Con los mercados bursátiles al alza y las corporaciones estadounidenses celebrando un enorme recorte impositivo, cada vez son más las advertencias en círculos empresariales de que el inmenso nivel de desigualdad está generando un profundo descontento social.

En una entrevista publicada en el Wall Street Journal la semana pasada, Ray Dalio, quien administra el mayor fondo de cobertura del mundo, Bridgewater Associates, advirtió que “las valoraciones elevadas de las acciones” no se habían traducido en un mayor crecimiento económico a largo plazo, y mucho menos en mejoras para el 60 por ciento con menores ingresos de la población. Esta capa, dijo, carecía de ahorros, sufría un mayor porcentaje de muertes prematuras y tenía niños destinados a ganar menos que sus padres.

“Su mayor preocupación”, declaró el Journal, “es que la reducción de los impuestos corporativos y el incremento de los precios de las acciones no hacen nada para el 60 por ciento inferior de los hogares que casi no posee activos y cuyos salarios estancados son el otro lado de la moneda de la expansión en los márgenes de ganancias, alimentando el resentimiento y la polarización política. El Sr. Dalio dice: ‘Si tenemos una desaceleración económica, me preocupa que provoque enfrentamientos contra nosotros’”.

Dalio, quien tiene un patrimonio neto de $17.000 millones, no es ningún reformista social. En el 2004, resumió infamemente el carácter parasítico de la capa social de la que forma parte diciendo: “El dinero que se obtiene de la fabricación de productos es una miseria en comparación con la cantidad de dinero que se obtiene de mover el dinero”. Sus advertencias no tendrán efecto alguno en la oligarquía financiera, la cual está exigiendo medidas de austeridad, más recortes de impuestos y desregulación.

Una década después del colapso financiero mundial, la aristocracia financiera estadounidense y global está nadando en efectivo gracias a los rescates gubernamentales y la política de los bancos centrales de mantener las tasas de interés casi en cero. Esto ha impulsado el aumento sin precedentes en el mercado de valores, que vio crecer en $1 billón la fortuna personal de los 500 multimillonarios más ricos del mundo en el 2017.

Una nueva encuesta de 5.000 grandes empresarios realizada por la consultora global Willis Towers Watson reveló que dos tercios “se sentían más nerviosos que en el 2015” debido al estancamiento de los salarios y el aumento de la deuda de los hogares. El cincuenta y uno por ciento de trabajadores informó haber sufrido un “evento financiero significativo” en los últimos dos años, incluido un gasto médico importante. El diez por ciento reportó tomar un préstamo de sus fondos de jubilación 401 (k).

A pesar del supuesto “pleno empleo” en EUA —teniendo la tasa de desempleo oficial más baja en 17 años— los salarios aumentaron solo un 2,5 por ciento en el 2017, apenas por encima de la tasa oficial de inflación del 2,0 por ciento. Esto está muy por debajo de los aumentos anuales de entre 3.3 y 3.6 por ciento antes de la Gran Recesión.

Un análisis compilado por Bloomberg News de 665 contratos firmados a fines de diciembre mostró aumentos salariales en el primer año que promediaron el 2.7 por ciento para los trabajadores en general, el 2.5 por ciento para los trabajadores del sector manufacturero y solo el 2.1 por ciento para los trabajadores públicos.

Los analistas advirtieron que la fuerte reducción de impuestos corporativos de Trump alentará a los trabajadores a exigir mejoras salariales significativas en el 2018. Cientos de miles de trabajadores en las industrias de transporte terrestre, almacenamiento, telecomunicaciones, salud y entretenimiento tienen acuerdos laborales que expiran este año, según Bloomberg.

Estos incluyen:

* Los contratos que cubren a casi 3.000 empleados en los hospitales Allina Health en todo el estado de Minnesota y 3.000 empleados del Hospital Abbott Northwest en St. Paul, Minnesota, quienes forman parte del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU), expiran el 28 de febrero. Cerca de 5.000 enfermeras realizaron un mes huelga en Allina en el 2016.

* El contrato de los Teamsters que cubre a 7.500 transportistas de ABF Freight Systems en múltiples estados expira el 31 de marzo.

* Los contratos que cubren a 5.000 trabajadores, miembros de la Asociación Internacional de Maquinistas y Trabajadores Aeroespaciales, expiran el 4 de marzo en las plantas de LockheedMartin en Georgia y California.

* El contrato de 4.500 miembros del sindicato automotriz United Auto Workers en las plantas de Daimler Truck en Carolina del Norte expira a mediados de abril.

* Varios contratos que cubren a 40.000 trabajadores de hospitalidad y casinos en Las Vegas vencen en mayo.

* El contrato que cubre a 132.000 trabajadores de televisión, miembros de SAG-AFTRA, finaliza el 30 de junio.

* Un acuerdo que cubre a 43.000 miembros de la Asociación Internacional de Empleados Teatrales del Estado expira con la asociación gremial Alliance of Motion Picture and Television Producers.

* Un total de 230.000 trabajadores de United Parcel Service (UPS), miembros del sindicato Teamsters, verán su contrato con la gigantesca compañía de entrega de paquetes expirar el 31 de julio.

* El contrato que cubre a 200.000 trabajadores del correo United Post Office Service, miembros del sindicato American Postal Workers Union (APWU), vence el 20 de septiembre.

Después de décadas de reducciones a sus salarios reales, los trabajadores están decididos a recuperar los ingresos perdidos de empresas que obtienen ganancias récord. “Creo que todos abrirán sus manos cuando se trata del beneficio potencial de la legislación fiscal”, dijo el portavoz de UPS, Steve Gaut, a Bloomberg. “Ciertamente, los inversores van a esperar beneficiarse”, agregó.

UPS ganó $5.000 millones en los primeros tres trimestres del 2017, después de una ganancia de $3.4 mil millones en el 2016. Las corporaciones utilizarán sus ganancias fiscales no para mejorar las condiciones de los trabajadores, sino para programas de recompra de acciones y pagos de dividendos a los inversores adinerados, y para aumentar las fusiones y adquisiciones de empresas, lo que resultará en mayores ataques a los trabajos, salarios y pensiones.

Los empleadores cuentan con la continua colusión de los Teamsters y otros sindicatos. Ante el peligro de un “empujón salarial” en el 2015-2016, el presidente Obama convocó a los líderes de los sindicatos para una reunión de la Casa Blanca en julio del 2015. El resultado fue el sabotaje de cualquier lucha unificada, la firma de acuerdos entreguistas apenas por encima de la tasa de inflación y el aislamiento y la traición de las huelgas que los sindicatos se vieron obligados a convocar, incluyendo a los trabajadores de las refinerías de petróleo, los trabajadores del acero de Allegheny Technology y los trabajadores de Verizon.

El período de 10 años comprendido entre el 2007 y el2016 registró el número más bajo de paros laborales importantes desde que la Oficina de Estadísticas Laborales de EUA comenzó a recopilar datos en 1947, con un promedio de solo 14 paros por año. En comparación, hubo un promedio de 145 por año en los años 1977-1986, 332 en 1967-1976 y 344 en 1947-1956. El año pasado, hubo solo ocho huelgas importantes, con la mitad de menos de tres días, la cifra anual más baja desde el 2009, cuando solo hubo cinco.

La orgía financiera en Wall Street ha sido posible gracias a la supresión artificial de la lucha de clases por parte de los sindicatos. Los antagonismos de clase, sin embargo, solo se han vuelto más intensos durante este período, lo que garantiza que los conflictos entre clases estallen más explosivamente y abarquen a capas más amplias de la clase trabajadora.

La rebelión del 2015 de los trabajadores automotrices contra el sindicato United Auto Workers demostró el debilitamiento de la burocracia sindical, que está completamente desacreditada después de décadas de colusión con la patronal automotriz y después de que se hicieran públicos los sobornos corporativos generalizados que recibían a través de los centros de capacitación laboral y organizaciones de beneficencia falsas. Los contratos que rigen las condiciones de 150.000 trabajadores automotrices vencerán en septiembre del 2019.

El Año Nuevo ha comenzado con signos de un creciente conflicto de clases a nivel internacional, que incluye manifestaciones de trabajadores y jóvenes en Irán que se oponen a los aumentos de precios y la austeridad; huelgas y protestas de los trabajadores farmacéuticos israelíes; y empleados municipales de Jerusalén contra los despidos masivos.

En Alemania esta semana, los trabajadores están llevando a cabo huelgas limitadas en VW, Porsche, Siemens y otras corporaciones, ya que 3,9 millones de trabajadores automotrices, del acero e ingeniería se enfrentan a la expiración de sus contratos salariales antes de que se acabe el mes. Esto sigue a la huelga salvaje de los trabajadores automotrices rumanos en la planta Craiova de Ford a finales de diciembre.

En Francia, los trabajadores automotrices en otros sectores se enfrentan al Gobierno de Emmanuel Macron, “el presidente de los ricos”, que ha impuesto unilateralmente “reformas laborales” al estilo estadounidense para facilitar el despido de trabajadores y expandir ampliamente el uso de mano de obra a tiempo parcial y temporal. En Inglaterra, los trabajadores ferroviarios continúan las huelgas contra la eliminación de los conductores que impulsa el Gobierno tori y sus aliados del Partido Laborista.

El 3 de enero, una huelga espontánea de un equipo de tierra del aeropuerto en Buenos Aires fue realizada tras huelgas de trabajadores del metro y otros en Argentina.

Estas luchas están enfrentando cada vez más a los trabajadores con los empresarios, los Gobiernos controlados por las empresas y los sindicatos procapitalistas y nacionalistas. Cada vez más, los trabajadores se ven obligados a coordinar sus luchas contra las corporaciones y los bancos globales a escala internacional.

Para avanzar en esta lucha, los trabajadores tendrán que romper con los sindicatos procapitalistas y construir nuevas organizaciones controladas por las bases obreras y enraizadas en los métodos de la lucha de clases, no en la colaboración de clases. Tal lucha debe vincularse con la construcción de una nueva dirección revolucionaria en la clase obrera, luchar por el poder de los trabajadores, la toma de las ganancias mal habidas de la aristocracia financiera y la reorganización socialista de la vida económica.

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