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Levantar restricciones a la caza de los elefantes africanos ayudará a proteger la especie mediante el dinero recaudado, según el gobierno de Donald Trump, que recientemente abrió la posibilidad de traer a Estados Unidos los trofeos de esos animales en peligro de extinción.

Es como que si un país decidiera vender toda su comida en el mercado internacional para dedicar los fondos a la lucha contra la desnutrición.

Del «logos» griego a la «razón» latina, Trump parece dispuesto a desafiar la forma en que los seres humanos identifican los conceptos, los relacionan y descubren nuevas ideas.

Así, la mejor forma de evitar las muertes con fusiles de categoría militar es que las posibles víctimas cuenten con un arma para defenderse. «Un tiroteo masivo puede ocurrir en cualquier lugar», le comenta Trump al emperador durante su visita a Japón, un país que cuenta los asesinatos con armas de fuego con cifras de dos dígitos cada año.

A los blancos pobres que lo apoyaron masivamente en las elecciones, les responde con una reforma fiscal que beneficiará sobre todo a los más ricos y permitirá que Wall Street infle burbujas mucho mayores que la del 2008.

El cambio climático es un fraude y el Acuerdo de París injusto con los Estados Unidos. La fuerza de los huracanes que golpearon Texas y Florida, pura casualidad.

La Casa Blanca aplica un veto migratorio con el argumento de protegerse de las amenazas externas e incluye a países cuyos ciudadanos jamás han cometido atentados en los Estados Unidos, dejando fuera a otros que sí.

Trump habla del «made in USA» y la necesidad de regresar las fábricas a los Estados Unidos, pero toma agua de Fiji y la ropa de la empresa de su hija, Ivanka, se cose en China.

¡Qué importa que las potencias aliadas le supliquen que mantenga el Acuerdo Nuclear con Irán, logrado tras duros años de negociaciones! Lleva la firma de Obama y esa es razón suficiente para volarlo por los aires.

Asegura que el cambio de política hacia Cuba es en beneficio del pueblo de la Isla, pero no se molesta en averiguar qué piensan los cubanos ni la inmensa mayoría de los estadounidenses que están a favor de los nexos entre ambos países. Si lo dice su «amigo» Marco Rubio, es suficiente.

Aplica una alerta de viaje a Cuba, uno de los destinos más seguros del mundo, y no advierte a los estadounidenses sobre visitar Las Vegas —donde murieron 59 personas en un tiroteo masivo durante un concierto— ni de los riesgos de ir a misa en Texas y que alguien abra fuego asesinando a otras 26.

No regula el tipo de armas que pueden comprar sus ciudadanos, pero sí la marca de refrescos que pueden consumir en un viaje a Cuba.
Pero qué se le puede pedir a un presidente que es también fruto de una irracionalidad colectiva. El descontento de los electores con los políticos tradicionales y las promesas de cambio incumplidas, los llevó a votar por el candidato que menos se pareciera a Washington.

Encandilados por la imagen de empresario exitoso, capaz de drenar el pantano de la corrupción, los estadounidenses dejaron pasar la egolatría, ética selectiva, misoginia e ineptitud de Trump, quien se dice muy ocupado para perder el tiempo leyendo libros. Los asesores se rompen la cabeza para simplificarle la información antes de que llegue a sus manos. Algunos hablan ya de hacer gráficos para que el presidente logre entender ideas complejas en un mundo confuso.

Quizás a esta altura haya algún que otro arrepentido. O quizás la bonanza de la economía estadounidense, que pasa por un ciclo de auge después de salir de la crisis, haga que los ciudadanos de a pie se olviden de quién ocupa el Despacho Oval, qué piensa, qué dice y cómo afecta al mundo.

Mientras el dinero corra, puede que no les interese si su presidente sigue la lógica tradicional o la del elefante. Y también puede que, cuando se lo pregunten, el peso del animal ya los haya aplastado.

Con información de granma.cu

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