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Por Camila
Más de 15 mil trabajadores de las plantas fabriles de la textil estatal CHTM (Compañía de Hilado y Tejido de Misr), en Egipto, realizaron una huelga de doce días en reclamo de un aumento salarial del 10 por ciento, un incremento en las acciones que poseen de la empresa, y un cambio en el directorio de la compañía, entre otros reclamos. La medida se depuso, sin embargo, sin haberse alcanzado los reclamos, con el compromiso patronal de analizarlos. A su vez, habrá una reunión entre representantes de los obreros y un mediador entre estos y la administración de la fábrica (Ahramonline, 20/8).
 
La huelga es un síntoma del profundo malestar obrero ante la carestía y la represión por parte de la dictadura de Abdel Fatah al-Sisi. CHTM es un coloso con más de 25 mil empleados y más de una decena de plantas en el país. Es, a su vez, “un centro histórico de luchas trabajadoras en Egipto” (World Socialist Web Site, 15/8). Sus trabajadores han desarrollado luchas contra el gobierno de Mubarak y participaron de las jornadas revolucionarias que derrocaron al dictador en 2011. Pero también se enfrentaron a Mursi, de los Hermanos Musulmanes, y ahora al actual gobierno.
 
La huelga tiene el mérito de desafiar a un gobierno dictatorial y contrarrevolucionario que lleva ya más de 40 mil presos políticos.
 
Se han producido otras luchas este año. En mayo los trabajadores de la cementera Tourah (en el sur de El Cairo, la capital del país) ocuparon la fábrica exigiendo contratos de tiempo completo, lucha que pudo ser derrotada únicamente por la fuerza y que acabó con treinta y dos detenidos.
 
A la criminal dictadura egipcia le ha dado su aval Trump, quien recibió a al-Sisi en la Casa Blanca en abril. Los vasos comunicantes del imperialismo con el régimen son múltiples: aquel lo ha armado hasta los dientes para controlar la región, lo mismo que ocurre con Israel.
 
La dictadura contrarrevolucionaria egipcia forma parte de un proceso de retracción de la Primavera Arabe. Sin embargo, las profundas contradicciones que la originaron siguen latentes, lo que transforma a la enorme huelga de los textiles egipcios en un llamado de atención.
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