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Por Nicolás Riu

 
Horas críticas se viven en Honduras, cuando miles de personas ganan las calles exigiéndole respuestas al actual gobierno, debido al fraude producido en las elecciones presidenciales. Los medios informan acerca de cientos de heridos y la existencia de por lo menos cinco muertos por las balas de las fuerzas represivas.
El presidente Juan Orlando Hernández (JOH), del partido Nacional, se impuso realizando todo tipo de maniobras. Ante los primeros anuncios del triunfo de JOH, la oposición salió a denunciar la existencia de un fraude escandaloso, declarando que se contabilizaron más de cinco mil actas con problemas.
El ex presidente Manuel Zelaya, coordinador de la Alianza de Oposición, desconoció los resultados, cuestionando los acuerdos firmados ante la OEA. La crisis se desató a partir de que el Tribunal Supremo Electoral decidió abandonar el recuento de votos ante la ausencia de la representación de la Alianza de Oposición.
Ante la profundización de las protestas, JOH decretó el estado de sitio y el toque de queda en la madrugada del pasado 2 de Diciembre. Los partidos patronales de oposición llamaron a movilizarse, pero como maniobra para negociar en mejores condiciones la gobernabilidad, sin plantearse ir a fondo en el enfrentamiento con el régimen fraudulento del que forman parte.
Los organismos internacionales que actuaron como observadores como el caso de la OEA, terminaron avalando el estado de sitio – encubriendo en los hechos el fraude – de la mano del imperialismo yanqui y europeo, sin denunciar las irregularidades y la represión, situación que exacerbó la bronca obrera y popular que tiene su epicentro en Tegucigalpa.
En el departamento de Lempira, de donde proviene JOH, los militares fueron acorralados en varias oportunidades, situación que se repite en otras zonas, como el Puente de La Ceiba, la carretera a San Juan Pueblo, el aeropuerto en Puerto Lempira, las salidas fronterizas hacia Nicaragua y El Salvador, etc.
Honduras vive desde hace años una profunda crisis política, económica y social, que se evidencia en el enorme descontento de las masas que explotaron de bronca varias veces durante estos últimos años denunciando principalmente los procesos de corrupción, como las
“marchas de las antorchas” por la educción publica o las que se produjeron repudiando el asesinato de la dirigente ambientalista Berta Cáceres.
No hay salida para el pueblo Hondureño de la mano de JOH ni mucho menos de la oposición patronal, que está actuando como bombero del régimen. Todos ellos son responsables del saqueo y la entrega de los recursos y del golpe del 2009, que profundizó aún más la dependencia del imperialismo.
El pueblo de Honduras debe plantearse la organización de una Huelga General que imponga una salida más democrática que la que se plantea o planteó alrededor de las elecciones presidenciales, una Asamblea Nacional Constituyente que ponga a todo el pueblo en estado asambleario para resolver desde abajo qué país pretenden las mayorías.
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