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Por Johannes Stern

Miles de trabajadores textiles en Egipto están en huelga por mejores salarios y mejores condiciones de vida, desafiando a la brutal dictadura del General Abdel Fatah al-Sisi que es apoyado por Occidente.

El jueves, el Middle East Eye reportó que tantos como 16.000 trabajadores estuvieron involucrados en la huelga en la Compañía de Hilado y Tejido de Misr (CHTM), la fábrica de tejido estatizada más grande de Egipto, localizada en la ciudad del delta del Nilo de Mahalla al-Kubra. CHTM, en general, emplea a más de 25.000 trabajadores.

Seis mil trabajadores entraron en huelga en la fábrica el 5 de agosto, exigiendo mejoras salariales y beneficios y el pago de beneficios atrasados. El 8 de agosto, 10.000 trabajadores adicionales se unieron a la huelga y rechazaron trabajar luego de que la administración negociara con los representantes de los trabajadores y ofreciera un aumento salarial de 10 por ciento. Los trabajadores rechazaron la oferta y declararon que sólo acabarían con la huelga si sus demandas —que también incluyen un incremento en sus acciones de las ganancias de la compañía— son satisfechas.

Uno de los trabajadores en huelga, que habló con el periódico online egipcio Mada Masr bajo la condición de permanecer anónimo, reportó que la huelga estaba siendo llevada a cabo en las plantas de la fábrica, incluyendo a ocho fábricas de hilado, siete fábricas de tela, una fábrica de lana, un taller de rejilla, 11 fábricas de textiles y los departamentos de garaje, electricidad y agua.

En declaraciones al diario egipcio Al Ahram, Faisal Loksha, uno de los principales activistas de la huelga, describió a la huelga como una “escalada final”. Declaró que “durante las últimas semanas, hemos organizado pequeños mítines dentro de la fábrica después de las horas de trabajo, exigiendo el aumento. Nuestras demandas no fueron satisfechas, decidimos entrar en huelga en la fábrica”.

Mahalla al-Kubra es un centro histórico de luchas trabajadoras en Egipto. Los trabajadores de CHTM iniciaron huelgas contra el régimen del ex dictador Hosni Mubarak en el 2006 y el 2008 y jugaron un papel clave en las masivas luchas revolucionarias del 2011 que derrocaron a Mubarak. En diciembre del 2012, en medio de la creciente oposición trabajadora al presidente islamista Mohamed Mursi, los trabajadores y estudiantes en Mahalla se declararon “autónomos” de lo que denominaban el “estado de la Hermandad Musulmana” de Mursi.

La actual huelga en Mahalla refleja la creciente oposición de la clase trabajadora a la dictadura militar contrarrevolucionaria de al-Sisi que ha matado y encarcelado a decenas de miles de oponentes políticos desde el golpe militar de julio del 2013 contra Mursi, y quién está preparando un completo asalto contra la clase trabajadora. El 22 de mayo, las fuerzas de seguridad dispersaron violentamente una huelga de ocupación en la Compañía de Cementos Tourah en el sur de Cairo, deteniendo a 32 trabajadores que exigían contratos de tiempo completo.

La actual huelga estalló después de que la inflación del precio de consumidor saltará al 33 por ciento en julio; la tasa más alta desde que se pusiera a flote la libra egipcia el pasado noviembre, después de un préstamo de US$12 mil millones aprobadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Como parte del paquete de austeridad dictado por el FMI, el régimen el pasado mes levantó los precios del combustible hasta el 50 por ciento e impuso duros cortes a los subsidios del pan de los cuales las masas empobrecidas egipcias dependen.

Con la profundización de la crisis económica y social en Egipto y las protestas y huelgas una vez más en el horizonte, el miedo de otra revolución emerge entre las potencias imperialistas. Un informe recientemente publicado por el Consejo Europeo en Relaciones Exteriores titulado “Egipto al límite: Cómo Europa puede evadir otra crisis en Egipto” advierte: “La economía egipcia es la causa más urgente en el país hoy día. Desde la revolución del 2011, la inestabilidad política y los miedos a la seguridad detuvieron a los inversionistas y turistas, lo que llevó a que cayeran los ingresos. La represión política instituida por Sisi solamente ha exacerbado la situación”.

Los autores continúan: “Todas las señales indican la continuación, e incluso incrementación, de las protestas económicas y sociales motivadas por consideraciones locales, sectarias e incluso nacionalistas. No todas las protestas fueron inspiradas por tinte político, pero no es muy inteligente pasar de lado el descontento que está siendo fermentando en la sociedad egipcia. La revolución del 2011 fue precedida por miles de protestas, ocupaciones y huelgas organizadas por el movimiento obrero; estos pueden cumplir el mismo papel hoy. Sisi ignoraría el descontento de los egipcios para el peligro del gobierno”.

Las potencias imperialistas están preocupadas de que la represión de Sisi tan sólo está intensificando otra explosión social pero su reacción ha sido la de armar hasta los dientes a su régimen. El martes, la marina egipcia, en una ceremonia en Kiel, recibió el segundo de cuatros Type 209/1400 submarinos del constructor de navíos alemán Thyssenkrupp Marine Systems. De acuerdo a los reportes de los medios el contrato por los cuatro navíos se estima en €1.4 mil millones.

En abril, el presidente estadounidense Donald Trump le dio la bienvenida a al-Sisi a la Casa Blanca en una manifestación pública de apoyo para su ensangrentado régimen. Después de Israel, Egipto es el segundo recipiente de ayuda económica y militar de EE.UU. en la región. La función central del masivo aparato militar egipcio, financiado por US$77 mil millones en ayuda estadounidense durante tres décadas, es la de vigilar la más grande y poderosa clase trabajadora en el mundo árabe.

Hasta ahora, la huelga continua. Los reportes indican que el régimen no está dispuesto a satisfacer las demandas de los trabajadores y se preparan para una confrontación. En declaración a Ahram Online, el parlamentario Nemat Amar de Mahalla urgió a los trabajadores de que terminen su huelga. Afirmó que no tenían el derecho de pedir por el incremento de salarios especiales prometidos por al-Sisi y el parlamento egipcio debido a que solamente aplica “a los trabajadores y empleados de los ministerios y autoridades generales”.

El diario egipcio Al-Masry Al-Youm reportó que el Directorado de Seguridad Gharbiya desplegó tropas a las entradas y salidas de Mahalla, junto con agentes secretos para rápidamente controlar a los trabajadores si es que las marchas y protestas estallan.

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