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Por Graciela Monaris

Los trabajadores más pobres y los/as jóvenes desocupados/as están al frente de las enormes movilizaciones callejeras que conmueven al régimen teocrático de Irán, enfrentándose con la policía y los “guardias revolucionarios”, a diferencia del proceso de 2009, que tuvo a los estudiantes y sectores de las clases medias urbanas a la vanguardia de las movilizaciones, reclamando por cuestiones democráticas.

Ahora, las masas golpeadas por el Plan de Ajuste del régimen de los ayatollahs al servicio de los monopolios imperialistas – principalmente europeos – que están saqueando las riquezas del país, han salido a reclamar por pan y trabajo, empalmando con el proceso abierto en 2011 con la Primavera Árabe, que está reverdeciendo con nuevas revueltas en Túnez.
Desde que Obama, el Papa y el imperialismo europeo firmaron el “Pacto 5 más 1” con el gobierno de Rohuani – con el propósito de limitar el desarrollo nuclear y utilizar a Irán como gendarme regional de la contrarrevolución capitalista – poderosos monopolios extranjeros han comenzado a desembarcar, aprovechándose de que el régimen les garantiza mano de obra barata y el control gremial por parte de los sindicatos oficialistas.
Esta situación, sumada a las exigencias imperiales para “invertir capitales”, hicieron que el gobierno de Rohuani tuviese que aplicar un durísimo Plan de Ajuste que profundizó la caída en picada de los salarios de los sectores más precarizados y el aumento de la desocupación. Además, el odio a los clérigos y camarillas militares – que viven con todos los lujos y de manera ostentosa – aumentó, transformándose en combustible de la “Primavera Persa”.
Para tener una idea de la inserción imperialista en Irán, basta con conocer algunas cifras expuestas por el sitio alemán DW en el día de ayer: “El grupo francés Total recibió en noviembre de 2016 el primer encargo de Irán a una gran empresa occidental desde el levantamiento de las sanciones: el desarrollo del mayor yacimiento de gas del mundo, South Pars, mientas que el grupo energético británico Shell firmó en diciembre de 2016 un contrato provisional de prospección en los campos petrolíferos y de gas iraníes de South Azadegan, Yadavaran y Kish”.
“El grupo austríaco OMV y Gazprom Neft (Rusia) planean explorar campos petroleros en Irán junto con el consorcio iraní NIOC. La aerolínea iraní Iran Air encargó 100 aviones Airbus. El primero fue entregado ya en enero de 2017. Además, Airbus firmó declaraciones de intención con las aerolíneas iraníes Airtour y Zagros Airlines para la venta de 45 y 28 aviones respectivamente”.
“Boeing, competidora de Airbus, recibió de IranAir un encargo por 80 aviones. Aseman Airlines, la tercera aerolínea del país, encargó en junio 30 aviones a Boeing, el primer negocio entre Boeing e Irán desde que Donald Trump asumió la presidencia. Siemens firmó en octubre de 2016 un contrato para la modernización de la red ferroviaria de Irán. Además le venderá al país componentes para 50 locomotoras diésel-eléctricas. Alstom, rival francés con el que Siemens planea fusionarse, fundó en Irán una empresa conjunta para la construcción de trenes metropolitanos y regionalesW”.
“El grupo chino CMC proveerá el equipamiento eléctrico para un tramo ferroviario de alta velocidad entre Teherán y Mashad, ciudad en el noreste de Irán. Volkswagen vuelve a Irán luego de 17 años de y exporta al país en un comienzo los modelos Tiguan y Passat. Daimler distribuye camiones de la marca Fuso a través de su socio iraní Mammut Khodro. Renault fundó una empresa conjunta en Irán para desarrollar una planta para la producción de 150.000 vehículos por año”.
“Antes de las sanciones, Peugeot era el fabricante de autos con mayores ventas en Irán. Desde 2016 ha fundado varias empresas conjuntas para la producción y desarrollo de nuevos modelos junto con socios iraníes. El banco austriaco Oberbank firmó en septiembre un acuerdo financiero con Irán, el primero en su tipo desde el levantamiento de las sanciones…”
A todo esto hay que agregarle la construcción de decenas de “puertos francos” a lo largo y a lo ancho de la geografía iraní, que significan la posibilidad de que las empresas imperialistas se lleven los productos fabricados y las riquezas prácticamente sin ningún control, de manera parecida a cómo actúan en Sudamérica las megamineras, que cuentan con derecho a saquear los recursos y a acarrearlos a las metrópolis sin prácticamente controles nacionales.
Irán, más allá del discurso “nacionalista” de sus clérigos y algunos sectores del aparato militar, es un país híper colonizado, cuyos dirigentes lo han entregado a la voracidad de los monopolios. Además sufre la sangría enorme de divisas debido a las intervenciones militares en Medio Oriente, que le implican la necesidad de contar con un presupuesto bélico impresionante en desmedro de los gastos sociales, una verdadera “bomba” social que está explotando.
La izquierda revolucionaria debe prestarle mucha atención a esta situación, impulsando una gran campaña de solidaridad con los trabajadores y el pueblo iraníes, tratando de tomar contacto con su vanguardia, para ayudar a construir una dirección auténticamente revolucionaria, que se proponga la lucha consecuente contra el régimen y la puesta en marcha de un gobierno que rompa con el imperialismo y la burguesía local, para construir el socialismo en el marco de la Federación de Estados o Regiones Autónomas Obreras y Socialistas de Medio Oriente.
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