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Según informa el sitio Times Higher Education, de las 60 universidades japonesas con estudios de humanidades y ciencias sociales 26 van a clausurar o reducir de forma inminente sus cursos en estas materias. La medida se toma ahora promovida por un plan integral de austeridad propuesta por el Gobierno nipón debido, según palabras del primer ministro Shinzo Abe, a que el Estado debería apoyar “una vocación educativa más práctica y productiva que anticipe las necesidades de la sociedad”.

Y aunque algunas universidades como la de Tokio y la de Kioto se han negado a cumplir con esta petición del Ministerio de Educación (y que una ola de protestas ha paralizado momentáneamente la implementación de esta intención ejecutiva) no nos cuesta imaginar que la medida llegue a cumplirse del todo. Como si de una vuelta al sistema educativo propio de la posguerra de la IIGM se tratara, los chicos y chicas lo que tienen que hacer es estudiar cosas técnico-científicas, y los que quieran meterse a carreras de letras deberán planteárselo profundamente, pues en el futuro habrá menos plazas para este tipo de estudios.

Según el columnista Takamitsu Sawa para el Japan Times una de las motivaciones del Gobierno de Japón para erradicar de su sistema las carreras de sociales y humanidades es el de alcanzar un mayor prestigio internacional, intentando engrosar así un mayor número de sus instituciones en el conocido ranking de las 100 universidades más prestigiosas del mundo, en la que los nipones sólo hacen acto de presencia con las de Tokio y Kyoto, precisamente dos de las más insurrectas con la nueva medida. Es más, si Japón quisiera de verdad engrosas en estas listas, no debería alentar a los decanos a prescindir de las carreras de letras, sino animarle a continuar con ellas. Como señala Sawa, Oxford, Cambridge, Stanford y Harvard copan las primeras posiciones en buena parte por lo reputado de sus estudios dentro de las ramas de letras.

Sí, en el marco neoliberal, los estudios sólo sirven en función de sus salidas laborales. Por eso, las humanidades y las ciencias sociales son prescindibles, y las carreras científico-técnicas no. Pero paralelamente a esta idea, también nos suena haber visto este otro titular: Google está buscando contratar a miles de licenciados de arte y humanidades. ¿Cómo puede producirse esta paradoja? ¿Por qué los gobiernos de medio mundo de occidente presionan para librar de su oferta educativa las carreras de letras mientras el mayor gigante tecnológico busca explícitamente a esos mismos estudiantes para incorporarlos a su prestigiosa y muy rentable empresa?

El problema, por supuesto, no es la empleabilidad

Pero la cosa va más allá. ”Las ciencias tienen mejores salidas, hazte una ingeniería o estudia informática”, nos decían en las escuelas y en casa, tanto en España como en otros países de Occidente, donde el mito de la mala empleabilidad de los estudios en letras está muy extendido. Pero parece que todo esto no es más que de un estigma que no se corresponde del todo con la realidad. Al menos así afirman estudios estadounidenses, que han descubierto que los trabajadores STEM (acrónimo de Science, Technology, Engineering & Mathematics), según datos de 2012, tienen un porcentaje similar de desempleo (una diferencia del 1%) con aquellos graduados en carreras tildadas frecuentemente como “inútiles”.

Humanidadesss Más en este infográfico de 4Humanities

La empleabilidad sí es más pronunciada si en vez de dividir entre carreras de letras o ciencias lo hacemos entre aquellos que han estudiado alguna carrera con respecto a los que no lo han hecho. En enero de 2014, el 6,5% de los mayores de 25 sin estudios universitarios estaban en paro. En los que habían estudiado alguna carrera, la cifra caía al 3.3%.

Por cierto, según este pormenorizado artículo del Institute for Electrical and Electronics Engineers, la defendida carencia de estudiantes de STEM para lo que demanda el mercado es también una falacia. En parte, porque muchos de los puestos en empresas tecnológicas no requieren de un alto nivel de estudios técnicos y los están cubriendo estudiantes de otros ámbitos (entre ellos, graduados de letras). Por el otro, porque al igual que ocurre con las carreras de letras (aunque en un menor porcentaje), también hay demasiados estudiantes como para los que el mercado puede absorber. Según un estudio de Georgetown, se espera que el incremento de puestos STEM vuelva a niveles normales en Norteamérica para 2018

Porque estudiar letras sí vale para algo: para enseñarte a pensar de otra forma

Vamos con Silicon Valley, cuna que ha promovido el percal STEM en el que nos encontramos. De allí viene Damon Horowitz, experto en Inteligencia Artificial graduado en el MIT y con amplia experiencia en el desarrollo de modelos informáticos avanzados. Horowitz se metió a estudiar filosofía justo cuando las empresas se lo rifaban por sus descubrimientos en el campo de la IA. Llegado el momento este técnico, que no estaba seguro de haber pensado con claridad lo que estaba desarrollando, cambió el apolillado ambiente del mundo de la programación por el de las cuestiones artísticas e intangibles del ser humano.

Allí se dio cuenta de que en su entorno habitual carecía de estímulos que le ayudasen a comprender de fondo en qué consistía lo que estaba desarrollando. Una carrera más enfocada al planteamiento de las preguntas que a la consecución de respuestas es lo que, según él defiende, “fue la mejor decisión de su vida”, le sirvió para mejorar sus capacidades de visión estratégica y solución creativa de problemas y también para desarrollar Aardvark, el programa que culminó sus estudios científicos. Ahora trabaja como Director de Ingeniería y Filosofía en Google.

¿Un hecho aislado? Nada más lejos. Por un lado, porque sólo un tercio de los directores y directoras de las grandes empresas tecnológicas de EE.UU. tienen un diploma en ingenierías o computación (los demás cavilan entre estudios relacionados con el mundo empresarial, ciencias de la salud y también estudios en humanidades).

Y por el otro, porque son muchos los jefes de este mismo ámbito empresarial los que han encontrado, tardíamente, lo necesario de estas para el ámbito del desarrollo tecnológico. Hay aquí al menos cinco CEOs de la Bahía de San Francisco que han declarado públicamente su preferencia por los estudiantes de letras que por los de ciencias a la hora de embarcarse en proyectos tecnológicos, pero estas declaraciones no son más que la punta de lanza.

En esencia, puede que el gran problema de fondo sea un sistema educativo que refuerza con tanto ahínco la idea de que estas dos ramas del saber están tan divorciadas la una de la otra, cuando no es del todo así. Como cuenta Juan Luis Suárez, catedrático de la universidad de Western Ontario, el nuevo entorno tecnológico necesita de la fusión de humanistas e ingenieros, pero los primeros también deben aprender a amoldarse a las necesidades de los segundos y enfocar más sus esfuerzos por canalizar sus ideas a premisas útiles. Salir de la llamada torre de marfil.

Es decir, que el nuevo perfil de humanista tiene menos que ver con alguien impartiendo imbricadas lecciones orales para explicar el concepto de “mundo” en Heidegger y más que ver con saber mostrar esa información de forma que todo el mundo pueda verla de forma clara y precisa, en un gráfico o en un mapa visual. En este nuevo entorno es esencial aprender a colaborar y a experimentar con herramientas digitales, y eso es lo que le toca aprender a los de letras. “A mis estudiantes, en vez de pedirles un ensayo les digo que armen una base de datos o que hagan un trabajo multimedia”, dice Suárez.

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Humanidades2 Infográfico del colectivo 4Humanities

Y no parece que se trate sólo de la idea de un profesor de Ontario. ¿Te suena de algo el Giro computacional? Es lo que estudió exhaustivamente David M. Berry en su libro The Computational Turn: Thinking about the Digital Humanities, de 2011, en el que explicaba cómo las técnicas computacionales afectan en todos los aspectos de las disciplinas, también a las humanidades, y cómo la implantación de los descubrimientos científicos de los últimos tiempos pueden conducir a un cambio epistemológico revolucionario.

Este esencial libro describe la evolución que se viene produciendo desde mediados de los años 90 (bueno, vale, el IRIS Intermedia de la Universidad de Brown puede ser el ejemplo pionero) en ciertas universidades norteamericanas, como la UCLA, donde desde hace unos años se vienen impartiendo materias llamadas Humanidades Digitales o Informática Humanística.

En las HD combinan las metodologías propias de las disciplinas humanísticas tradicionales con el uso de herramientas informáticas permitiendo la modularización y recombinación de las disciplinas, es decir, yendo más allá que a la mera captación de nuevos datos y patrones. La cultura se conecta, ahora, de una forma más profunda, una que deja claro que las ciencias y las letras nunca han dejado de ser lo mismo: la base de todo el conocimiento humano.

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