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Joseph Kishore

El Gobierno estadounidense de Donald Trump ha intensificado sus amenazas incendiarias contra Corea del Norte después de la prueba de un misil balístico intercontinental, presuntamente capaz de alcanzar la costa este de Estados Unidos.

En una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) el miércoles, la embajadora de EUA ante la entidad, Nikki Haley, advirtió que “de venir la guerra, les advertimos, el régimen norcoreano será destruido totalmente”. La “destrucción total” del régimen solo podría significar una guerra genocida contra un país de 25 millones de personas.

Haley dirigió sus invectivas de igual manera contra China, reportando que el presidente Trump había llamado al presidente chino, Xi Jinping, para exigirle a China poner fin a sus exportaciones de petróleo al empobrecido país asiático. “China deberá mostrar liderazgo y cumplir. China puede hacerlo por sí sola”, sentenció, “o podemos tomar la solución del petróleo en nuestras propias manos”. No ofreció una elaboración.

Queda claro que Estados Unidos se encuentra en una etapa avanzada de planeamiento para alguna forma de operación militar contra Corea del Norte, la cual tendría consecuencias catastróficas incluso sin detonar un intercambio nuclear.

En una señal de que la Administración Trump está tomando pasos para abandonar formalmente sus pretensiones diplomáticas, el New York Times reportó el jueves que la Casa Blanca está planeando expulsar al secretario de Estado, Rex Tillerson, a quien Trump recriminó por “desperdiciar su tiempo” buscando entablar negociaciones con Corea del Norte. Tillerson dijo el martes, después de la prueba del misil, que, “por ahora, todavía hay soluciones diplomáticas viables y abiertas”.

El senador republicano, Lindsey Graham, un crítico ocasional de Trump, se solidarizó con las amenazas de guerra de la Casa Blanca, comentando en CNN el miércoles que, “si tenemos que ir a la guerra para detener esto, lo haremos. Estamos dirigiéndonos a la guerra, si no cambian las cosas”.

Graham dijo que Trump, “está listo, de ser necesario, para destruir a este régimen y proteger a EUA, y espero que el régimen entienda que el presidente Trump tiene que decidir entre destruir al régimen norcoreano y la patria estadounidense. Espero que China entienda eso también”. El columnista del New York Times, Nicholas Kristof, no dudó en reproducir información de fuentes militares y estatales, escribiendo el jueves, bajo el título “¿Estamos encaminados a una nueva Guerra de Corea?”: “Una lección de la historia: Cuando el presidente y sus asesores dicen que están considerando una guerra, tómenlos en serio”. Kristof luego añadió que, “los expertos de seguridad internacional que he consultado dan estimados de la probabilidad de una guerra de 15 a más de 50 porciento. Eso debería ser impactante”.

Las incitaciones estadounidenses sobre obliterar a Corea del Norte han escalado a lo largo del año. Los comentarios de Haley vienen tan solo dos meses después del discurso de Trump ante la ONU, cuando declaró que EUA estaba “preparado, dispuesto y listo” para “destruir totalmente” a Corea del Norte y a sus 25 millones de habitantes.

Las amenazas tienen una lógica propia. Habiendo declarado que Estados Unidos optará por realizar acciones “preventivas” contra Corea del Norte si desarrolla armas capaces de alcanzar a EUA continental, el Gobierno se siente cada vez más presionado para hacer valer sus afirmaciones, temiendo que una retirada dañaría severamente la credibilidad de tales amenazas provenientes del imperialismo estadounidense.

Una guerra, después de iniciada, también asume una lógica propia, poniendo en riesgo las vidas de cientos de millones en Asia y más allá. Las demandas de que China incida en contra de Corea del Norte ponen en evidencia que la principal preocupación de la burguesía estadounidense en la región es la cada vez mayor influencia de China. Por años, Estados Unidos ha estado acumulando paulatinamente su capacidad militar en el mar de China Meridional y sus alrededores, particularmente a partir del “pivote hacia Asia” del Gobierno de Obama. Algunos de los más influyentes generales y centros de pensamiento ya han advertido que un conflicto directo con China es sólo una cuestión de tiempo.

China respondió con una enorme contraofensiva durante la primera Guerra de Corea (1950-53), en la cual EUA abatió la mayor parte de la infraestructura del norte de la península. El actual Gobierno chino sin duda interpretaría cualquier paso por parte de EUA para derrocar al régimen en Pyongyang como una amenaza existencial para sus propios intereses estratégicos.

También cabe plantear: ¿cómo respondería Rusia a un ataque contra Corea del Norte, con la cual también comparte una frontera? El jueves, su diplomático de mayor rango acusó a Estados Unidos de incitar a Corea del Norte a hacer “actos erráticos” y llamó a EUA y a Corea del Sur a cancelar los ejercicios militares que tienen programas para esta semana.

La imprudencia y criminalidad del Gobierno de Trump, y de la clase gobernante como un todo, son pasmosas. La demente carrera hacia la guerra procede sin una discusión significativa en la prensa ni el Congreso sobre sus consecuencias reales. Los medios están consumidos por el escándalo de acusaciones de abuso sexual, mientras que los legisladores están enfocados en que siga en marcha la aprobación de un recorte masivo a los impuestos a las corporaciones y los ricos, algo que ha hecho que los mercados bursátiles repunten nuevamente. Nada afectado por el peligro de guerra, el índice bursátil Dow Jones cerró el jueves por encima de los 24 000 puntos por primera vez, con la aristocracia financiera saboreando una inminente lluvia de ingresos.

Las amenazas bélicas suceden en el contexto de una crisis política sin precedentes en EUA, donde la clase gobernante busca atravesar conflictos internos enconados y tensiones sociales generalizadas. El Gobierno de Trump está respondiendo a esto, por un lado, con una escalada en las amenazas contra Corea del Norte y, por el otro, intensificando sus esfuerzos para agitar a las fuerzas ultraderechistas. Esto último fue claro esta semana, cuando Trumo retuiteó videos antimusulmanes del movimiento de tendencia fascista Britain First (Reino Unido ante todo).

Los críticos burgueses de Trump tienen diferencias importantes con su Gobierno en cuanto a política exterior. La medida en las que son expresadas en relación con la última ronda de amenazas, sin embargo, corresponden a su impacto a los intereses del imperialismo estadounidense. Los demócratas se han dedicado a alimentar una campaña neomccarthista sobre acusaciones de que Rusia esta “sembrando discordia” en EUA, utilizada para legitimar la imposición de un régimen de censura en el Internet y para preparar al país para un conflicto militar contra Rusia, el blanco principal de los sectores de las cúpulas militares y de inteligencia que apoyaron a Hillary Clinton en las elecciones del 2016.

En el último análisis, las divisiones dentro de la clase gobernante son de un carácter táctico. Todas están unidas en la estratégica básica de utilizar el poderío militar de EUA para intentar preservar su posición hegemónica global.

El último cuarto de siglo de guerras interminables ha llegado a una coyuntura crítica. El peligro de una guerra nuclear, que llegue a absorber a las principales potencias mundiales, es real y presente. La intervención independiente de la clase obrera contra las guerras imperialistas y el sistema capitalista que les da origen es la tarea política decisiva.

 

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