Por Alex González

Líderes políticos estadounidenses y mexicanos, junto con importantes medios de comunicación, están reviviendo una campaña contra la supuesta intromisión rusa en próximas elecciones presidenciales mexicanas. En lo que ya es una canción muy ensayada, se le acusa a Rusia de usar los medios sociales para “sembrar divisiones”, esta vez para favorecer la candidatura del “izquierdista” Andrés Manuel López Obrador el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

En lo que constituye una demanda para una intervención estadounidense directa en las elecciones presidenciales mexicanas en julio, un grupo bipartidista de tres senadores estadounidenses le escribió una carta a Rex Tillerson, el Secretario de Estado, la noche antes de su viaje el jueves a México en la primera parada de su gira por Latinoamérica.

Los senadores demócratas Robert Menendez y Tim Kaine, junto con el republicano Marco Rubio —todos miembros del Subcomité del Hemisferio Occidental del Comité de Relaciones Exteriores del Senado— repitieron cargos sin sustancia de “intromisiones” rusas en las elecciones mexicanas, añadiendo que esto era “simplemente el último capítulo de la maligna influencia de Rusia a lo largo de América Latina para tratar de desestabilizar la región”. En respuesta, le pidieron a Tillerson que fortaleciera programas de “democracia y gobernanza” implementados por la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés), una agencia que ha intervenido repetidamente en la región para promover a políticos y partidos alineados con Washington, llevando a cabo el tipo de operaciones que antes ejecutaba la CIA.

Las alegaciones de intromisiones rusas en México fueron emitidas inicialmente el año pasado para preparar a la opinión pública para una guerra contra Rusia. La campaña ha sido reavivada bajo condiciones en las que López Obrador sigue siendo el delantero presidencial, con una encuesta reciente mostrando que tiene el doble de apoyo que el candidato del Partido de Revolución Institucional (PRI), el ex Secretario de Hacienda José Antonio Meade Kuribreña.

Al igual que las alegaciones de intromisiones rusas en las elecciones presidenciales estadounidenses, el referéndum de Brexit, y el voto de la independencia catalana, las denuncias no han sido comprobadas y se basan principalmente en la indiscutible palabra de las agencias de inteligencia. En un video inicialmente publicando por Reforma a principios de enero, el Asesor de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, dijo que habían “señales iniciales” de una campaña rusa para influir las elecciones presidenciales mexicanas. Que McMaster no haya ofrecido ninguna evidencia concreta no evitó que los medios estadounidenses y mexicanos repitieran como loros sus afirmaciones de que Rusia buscaba “explotar las divisiones” para favorecer a López Obrador.

En un artículo reciente titulado “Un candidato presidencial obtiene ayuda inesperada de Trump — y Putin”, el Washington Post escribe: “Los mexicanos no necesitan a los manipuladores rusos de las redes sociales para decirles que su democracia es defectuosa y que sus políticos son propensos a la corrupción… Pero en una elección que podría resultar cerrada, como en Estados Unidos, un poco de ayuda de los rusos amplificando el mensaje en las redes sociales podría terminar marcando una diferencia decisiva.”

Un artículo de Bloomberg, titulado “No dejemos que las elecciones mexicanas se conviertan en el próximo blanco de Putin”, llama abiertamente a que las autoridades mexicanas tomen pasos para monitorear y censurar el Internet, sobre todo las redes sociales. “México permanece extremadamente vulnerable a la misma intromisión rusa que ocurrió en las elecciones estadounidenses del 2016”, escribe Bloomberg. “Facebook, Twitter y Google son importantes fuentes de información para muchos mexicanos…México debe aprender de la experiencia estadounidense y proteger a sus procesos electorales de manipulaciones externas”.

Varios artículos se han enfocado en el papel que RT (antes conocido como Russia Today ) ha desempeñado al supuestamente promover la campaña de López Obrador. Los informes señalan la cobertura crítica de RT del gobierno mexicano y el tiempo de transmisión que se le da a John Ackerman, un investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y un partidario de López Obrador. López Obrador ha dicho que nombraría a la esposa de Ackerman, Irma Sandoval, para el puesto de Secretaría de la Función Pública en caso de que gane.

“Que una futura integrante del gabinete del puntero de la campaña presidencial esté casada con un cercano colaborador de Russia Today es un dilema que prendería los focos rojos en cualquier país del mundo en estos tiempos”, se queja El Universal, en lo que equivale a una difamación neomacartista.

En noviembre, el Departamento de Justicia estadounidense forzó que RT América se registrara como un “agente extranjero” por su supuesta intromisión en las elecciones de 2016.

Líderes del PRI, incluyendo al presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, han adoptado estas alegaciones sin substancia para tratar de descreditar a López Obrador. Ochoa Reza admitió que el PRI no tiene datos, ni ha llevado a cabo alguna investigación independiente. En cambio, en base únicamente a lo que ha sido publicado por el Washington Post, el partido le pidió al Instituto Nacional Electoral que abriera una investigación.

En una intensificación de la campaña para vincular a López Obrador con Moscú, la semana pasada miles de habitantes del estado de Puebla recibieron llamadas anónimas antes de la gira del candidato por el estado. Las llamadas reproducían un mensaje grabado diciendo que López Obrador quería desmantelar la “reforma” energética del gobierno de Peña Nieto para darle el petróleo mexicano a Rusia.

López Obrador ha reaccionado a la campaña al burlarse abiertamente de ella. Creó un video en las redes sociales frente al mar en Veracruz. “Estoy esperando que emerja el submarino ruso…porque me traen el oro de Moscú”, dice en broma. “Ahora soy Andrés Manuelovich”.

En un país que ha estado bajo el pulgar del imperialismo estadounidense por más de un siglo, las denuncias de “intromisiones rusas” tienen un tono especialmente desesperado y falso. Como lo dicen abiertamente los medios, la crisis social de México no fue creada por Moscú. En cambio, la arraigada desigualdad en el país es producto de la subordinación del sistema capitalista de las necesidades de la clase obrera —ya sea sus empleos, educación, atención médica, jubilación o vida cultural— al enriquecimiento de una capa minúscula de la población.

Al fomentar miedos de un ogro ruso, el gobierno estadounidense es culpable de las mismas acciones por las que demoniza a Rusia: interferir en las elecciones de otro país para impulsar un resultado que es más favorable para sus propios intereses.

El programa de Morena no hará nada para combatir la causa fundamental de los problemas sociales en México. Sin embargo, sectores dominantes de la burguesía estadounidense y mexicana están categóricamente opuestos hasta a sus propuestas débiles y cosméticas y a la posibilidad de que, a pesar de los mejores esfuerzos de López Obrador, la clase obrera podría rápidamente escapar el control de Morena y buscar medidas más radicales para garantizar sus derechos sociales.

Las elecciones presidenciales mexicanas en julio prometen ser un evento explosivo. Al tener un candidato impopular, el PRI podría aprovechar las acusaciones de “intromisiones rusas” para atacar los derechos electorales de Morena, o incluso anular las elecciones.

Las denuncias de abusos en las redes sociales por parte de Rusia para “sembrar divisiones” y diseminar “noticias falsas” son parte de una campaña internacional para censurar el Internet para prevenir que el descontento social encuentre un programa socialista. Para proteger el derecho democrático de la clase obrera de fuentes de información gratuitas y abiertas, el World Socialist Web Site ha lanzado una coalición internacional para luchar contra la censura del Internet para sitios socialistas, izquierdistas y progresistas.

(Artículo publicado el 2 de febrero de 2018)

Con información de World Socialist Web Site

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