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Tras la celebración del referéndum del pasado 1 de octubre en Catalunya y el triunfo del Sí a favor de la independencia de Catalunya pese a las grandes dificultades legales, judiciales y policiales impuestas por el gobierno del Partido Popular, se ha sucedido el éxito de la huelga general promovido por la izquierda sindical (sobre todo seguido en la Administración, el transporte y en zonas rurales)  y el paro nacional (con lockouts en pequeñas y medianas empresas en protesta por la represión) realizado por otras capas de la población el día 3 de octubre. El primer resultado es una victoria del movimiento popular y una derrota del gobierno de Rajoy que no pudo impedir estas dos grandes expresiones del movimiento.
 
Se ha iniciado una rebelión con apoyo social masivo en el seno de la misma Unión Europea. Ello refuerza las posibilidades de caminar hacia la República catalana, objetivo que requerirá de mayores grados de auto-organización popular y la realización de un proceso constituyente capaces de frenar la contrarrevolución que anuncia el discurso del Rey de España Felipe VI la noche del 3 de octubre.
 
Victoria política del referéndum, enquistamiento represivo del Estado

La admirable determinación de un segmento muy grande de la población catalana, que consiguió resistir pacíficamente, condujo a la estrategia del régimen del 78 a una importante derrota política en Catalunya a los ojos del resto del mundo. Ha sido un golpe, no sólo para el Partido Popular (PP) de Rajoy, sino para la estabilidad de la monarquía española y de sus principales agentes resultante de la reforma del franquismo que fue la llamada transición. La estructura del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el derechista partido Ciudadanos (Cs), el aparato militar, represivo y mediático del Estado, así como los poderes fácticos del gran capital, constituyen un bloque de poder que no es reformable.
 
El monarca Felipe VI en tanto que Jefe del Estado y Rajoy, su gobierno y su corrupto partido, con el apoyo de PSOE y Cs y de los grandes medios de comunicación han iniciado una campaña de calumnias, mentiras y desprestigio del movimiento popular catalán. No hay que despreciar esta circunstancia pues es un factor de adoctrinamiento de las clases populares del Estado español (y de la Unión Europea) para enfrentarlas con el pueblo catalán y para subordinarlas con la excusa de la “unidad de la nación española”. El objetivo de ese bloque de poder es justificar a los ojos de la ciudadanía del Estado español y a nivel internacional nuevas y mayores medidas represivas que pueden llegar a la detención de los líderes sociales y políticos catalanes, el cierre o amordazamiento de los pocos medios de comunicación no sometidos todavía, la suspensión de las instituciones catalanas y prolongar la presencia de fuerzas policiales y militares controladas por el gobierno español en territorio catalán.
 
República catalana y proceso constituyente

Se ha iniciado una titubeante ruptura institucional que con toda seguridad va a radicalizarse bajo los golpes represivos del Estado. Es difícil prever los ritmos y las fórmulas que acabará adoptando, pero el enfrentamiento es inevitable. Hay dos elementos clave: esforzarse por mantener una estrategia los más no violenta posible, evitando las provocaciones, con el fin de no dar ningún pretexto al Estado español para desencadenar una represión todavía más dura y dividir el movimiento, algo para lo cual están más que dispuestos a aprovechar la menor ocasión; y trabajar por la extensión de la resistencia a la represión tanto hacia el mundo del trabajo en la propia Catalunya como una alianza amplia anti represiva, democrática y por las libertades en el conjunto del Estado español y una solidaridad lo más masiva posible a nivel internacional.
 
De la doble legitimidad a un coyuntural doble poder

Desde los días 6 y 7 de septiembre existen dos legitimidades y dos ordenamientos jurídicos opuestos. El foso entre ambos no puede más que ensancharse de modo irreversible. La falta de claridad, firmeza y decisión de gran parte de las izquierdas no puede más que dar alas a la contrarrevolución y obstaculizar el viraje hacia la izquierda del ascenso republicano que se vive en Catalunya. Las izquierdas que se reclaman del socialismo y el movimiento obrero tienen ante sí el deber, tanto en Catalunya como en España, de asumir sus responsabilidades. El reto al que se enfrentan es impulsar un proceso que profundice en la ruptura democrática en todo el Estado teniendo en cuenta que la situación y los ritmos son diferentes en Catalunya y en el resto del Estado español.  En Catalunya deberán disputar la dirección política de esta incipiente revolución política, situando las cuestiones sociales, democráticas, ambientales y emancipatorias en el centro del debate constituyente que va a abrirse en las próximas semanas. Eso mismo tendrá que hacerlo, esperemos que sea lo antes posible, en el resto del Estado español. También es deber de la izquierda y el movimiento obrero internacionales organizar campañas amplias de apoyo al movimiento catalán y denunciar la campaña librada en su contra por la clase dominante y sus medios de comunicación.
 
 
Huelga general, auto-organización y desborde

En esta encrucijada es fundamental la activa participación como actor principal de la clase trabajadora para asegurar un proceso favorable a los intereses populares. De la capacidad del movimiento obrero de actuar políticamente en relación con el resto de las clases sociales para resolver una gran cuestión nacional, rompiendo con el corporativismo y el economicismo pasivo, depende la posibilidad de impulsar la lucha de la clase trabajadora con una agenda propia y así lograr una nueva hegemonía social anticapitalista. Habrá que trabajar duramente por reducir a marchas forzadas la distancia entre lo necesario y lo posible.
 
La movilización de masas a la que hemos asistido el 3 de octubre, con la huelga general que ha paralizado Catalunya está sentando las bases de una creciente irrupción del movimiento obrero organizado en el proceso político y de la generalización de dinámicas de auto-organización en los barrios (los Comités de Defensa del Referéndum que ahora parecen reconvertirse en Comités de Defensa de la República), las localidades y en algunos centros de trabajo. La base social del movimiento se masifica, los partidos nacionalistas, la Asamblea Nacional Catalana y Omnium Cultural, que hasta el mes pasado habían liderado en exclusiva el “proceso independentista”, presencian el ascenso de sectores más dinámicos, obreros y radicales.
 
La democracia y el régimen del 78 ya son incompatibles: hay que abrir un segundo frente

La crisis en curso no es sólo una rebelión catalana, es además una crisis de Estado en la que la, por el momento minoritaria izquierda consecuente (fundamentalmente nuestros compañeros de Anticapitalistas y corrientes significativas de la izquierda sindical, los movimientos sociales, Podemos y los partidos del cambio, así como corrientes nacionalistas de izquierdas), y la ultraderecha han empezado una carrera a contrarreloj por ocupar la calle. Es probable que a corto plazo, en el resto del Estado español, las fuerzas más beneficiadas por la crisis sean las segundas. De ahí la urgencia de que las izquierdas emergentes sean capaces de abrir un segundo frente que alivie la presión represiva sobre Catalunya tomando iniciativas contra la represión y por la ruptura con el régimen del 78. La naturaleza del bloque de poder que lo controla obliga a un enfrentamiento con él para defender eficazmente las libertades y un horizonte destituyente/constituyente.
 
Se plantea una bifurcación histórica entre respeto de la legalidad y respeto y profundización de la democracia. Las actitudes conciliadoras y las apelaciones abstractas al diálogo están teniendo escaso eco real tanto entre los actores políticos como en la ciudadanía.  Es necesario articular una acción conjunta de las izquierdas y el movimiento popular catalán para lograr los objetivos democráticos y para la represión.
 
Unilateralidad y solidaridad, requisitos indispensables para la victoria

La llamada “unilateralidad” del referéndum catalán no es incompatible con la búsqueda de solidaridades y sinergias con fuerzas democráticas y populares del conjunto del Estado español y a nivel internacional. En este sentido, es cada vez más evidente que la autodeterminación en Catalunya será ahogada sin ruptura(s) constituyente(s) en el conjunto del Estado español y que no hay cambio de régimen posible en España que no dé una salida democrática y fraterna a las aspiraciones catalanas.
 
Crear dos, tres, muchas Catalunyas

Con ocasión de este cincuenta aniversario del asesinato del Ché Guevara, ejemplo de revolucionario con visión internacionalista, es conveniente tomar conciencia de que el tiempo para romper la dialéctica reaccionaria que arrastra a Europa y al mundo se agota y que afecta a todas las regiones del planeta. Golpismo institucional en América Latina, populismo racista e islamófobo en Europa y Estados Unidos, yihadismo fascistizante en Oriente Medio… amenazan al mundo entero y recuerdan al caos geopolítico de épocas anteriores.
 
Por ello es fundamental apoyar el proceso catalán en la medida en que es el ejemplo de desobediencia civil de masas más impresionante de las últimas décadas y constituye un verdadero laboratorio para las revoluciones ciudadanas del siglo XXI que podría contribuir a romper la espiral hacia la barbarie en la que nos tiene inmersos la decadencia del sistema capitalista mundial. En unos tiempos en los que las clases trabajadoras y populares están sufriendo duros ataques por parte de los capitalistas en toda la Unión Europea, con profundos ataques contra los derechos democráticos, la rebelión del pueblo de Catalunya es un signo de esperanza para recuperar la esperanza en una acción colectiva de los oprimidos y explotados.
 
Es algo más que una mera anécdota histórica que la bandera independentista catalana se inspire directamente en la bandera de los revolucionarios cubanos que a finales del siglo XIX derrotaron al ejército colonial español en la isla, derrota que contribuiría decisivamente a la ruina de la primera restauración borbónica. Con toda seguridad, la lucha en curso en Catalunya ha herido muy gravemente a la segunda y una victoria republicana permitiría vislumbrar un nuevo ascenso del movimiento popular y una actualización del horizonte anticapitalista y ecosocialista en Catalunya, España y toda Europa.
 
Solidaridad y movilización
Llamamos a todas las organizaciones obreras, populares y democráticas a apoyar la lucha en Catalunya, a denunciar la represión del Estado español, a presionar a sus respectivos Estados para que reconozcan el acto de soberanía que está teniendo lugar y reconozcan una eventual proclamación de la República catalana o Declaración de independencia

Hacia la República catalana.  Por la auto-organización popular y la realización de un proceso constituyente democrático

Buró Ejecutivo de la Cuarta Internacional
5 de octubre de 2017

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