El salario mínimo y el derecho a huelga, los principales reclamos.

Este miércoles, miles de trabajadores y trabajadoras adhirieron a la medida de fuerza y a la movilización convocada por la Federación Sudafricana de Sindicatos (SAFTU) y movimientos sociales, en Sudáfrica.

El gobierno de Ramaphosa presentó un proyecto de reforma de la Ley de Relaciones Laborales (LRA). En el mismo se destacan dos cuestiones centrales, en primer lugar que el salario mínimo será de unos 3500 rands por mes, alrededor de 280 dólares. Según los cálculos, una familia necesita para vivir arriba de los 10000 rands. El otro objetivo estratégico de la reforma es limitar el derecho a huelga de los sindicatos, sobre todo de los llamados “rebeldes”.

Sudáfrica atraviesa por una crisis económica y social de gran envergadura. El nivel de desempleo es del 27.7%, llegando al 68% en la juventud. La desigualdad llega al punto que el 10% de la población gana más del 50% de la renta familiar del país, mientras que el 20% gana menos del 1,5%.

La reacción de la clase obrera

El paro y la movilización convocada para el día miércoles por la SAFTU fue absolutamente masiva. Además, coincidió con la séptima jornada de paro nacional de los conductores de autobuses, que se encuentran en conflicto con la patronal por aumentos de los salarios. Se estima que 370.000 personas al día no pueden trasladarse.

En Johannesburgo, 800 mil trabajadores marcharon desde el distrito de Newtown hasta la oficina del presidente Cyril Ramaphosa y al Departamento de Trabajo y Desarrollo Social de Gauteng. En Ciudad del Cabo, marcharon de la Keizersgracht Street hasta el Parlamento, cantando y bailando por las calles, con camisas rojas. En Port Elizabeth, marcharon desde el salón Nangoza Jebe, en New Brighton, hasta la municipalidad.

En la provincia Noroeste de Sudáfrica, la semana pasada se registraron manifestaciones y saqueos, reclamando la salida del jefe del Gobierno local, el oficialista Supra Mahumapelo, acusado de corrupción. El detonante de las protestas fue la falta de atención y la muerte de dos pacientes en una clínica de salud que no brindaba atención debido a la falta de pago a sus trabajadores.

Ramaphosa se vio obligado a interrumpir su viaje al Reino Unido y pidió “calma y tiempo” para resolver la crisis.

La federación que convocó a la huelga agrupa a varios sindicatos que vienen de separase de la central sindical oficialista (la Cosatu) y entre sus principales miembros se encuentra el sindicato más grande de Sudáfrica, la Unión Nacional de Trabajadores Metalmecánicos (Numsa). Cuenta con un total de 800 mil afiliados.

Además del Numsa participaron los sindicatos de la Unión General de los Trabajadores Industriales del África del Sur (GIWUSA), la Unión Nacional de Servicio Público y Trabajadores Afines (NUPSAW), el Sindicato de los Trabajadores del Sector Público Liberado del África del Sur (SALIPSWU), la Unión de Comunicación y Tecnología de la Información (ICTU), y el Foro de Trabajadores Simunye.

El impacto de la huelga también demuestra como el Congreso Nacional Africano (CNA) y la Cosatu están perdiendo el poder de contención sobre la clase obrera.

Crisis política

Se trata de la primera huelga de estas características contra el Gobierno de Cyril Ramaphosa, quien fuera desde 2014 vice de Jacob Zuma, el anterior presidente, que en febrero pasado, fue forzado a renunciar por su propio partido. “El presidente de teflón” como lo calificaron los medios contaba con 783 denuncias por corrupción y en su extenso prontuario se destacaban el uso de 24 millones de dólares del Estado para remodelar su haciendo privada y hasta de violar a la hija de uno de sus mejores amigos.

Ramaphosa, ni bien asumió, prometió “torcer la corriente de la corrupción”. Pero no parece el más idóneo. En pocos años pasó de ser un sindicalista combativo -fue fundador del Sindicato Nacional de Mineros- a uno de los empresarios más ricos del país. La revista Forbes estima que su fortuna asciende a 675 millones de dólares. Es el dueño del Grupo Shanduka, que concentra inversiones en sectores como la energía, la banca y las telecomunicaciones de Sudáfrica. En su doble papel de dirigente sindical y empresario, Ramaphosa jugó un rol importante en la “masacre de Marikana”- la peor operación policial desde el fin del apartheid- , cuando la policía mató a 34 trabajadores en huelga en una mina operada por la empresa Lonmin. En el momento de los asesinatos, Ramaphosa, como parte del directivo de la empresa, fue el encargado de gestionar la seguridad y ordenó la represión a los mineros (El País, 15/2).

El proletariado sudafricano, al igual que el francés, ha entrado en una lucha de carácter estratégico por derrotar las reformas anti obreras y abrirse un nuevo rumbo histórico.

¡Viva la lucha de los trabajadores en todo el mundo!

Compartir: