A la comunidad de científicos, técnicos e investigadores de México
A los estudiantes y docentes de las distintas áreas de la ciencia y la ingeniería
Al pueblo trabajador de México

A nivel mundial se extienden y desarrollan las múltiples contradicciones del sistema capitalista: la devastación ecológica que socava las condiciones para la existencia humana, el dominio imperialista y los conflictos bélicos en curso o amenazando con desatarse, la privatización desenfrenada, el despojo del territorio y el desmantelamiento de conquistas sociales en beneficio de los intereses de las transnacionales son algunos de los factores que configuran una compleja crisis civilizatoria. Ante esta situación, es urgente y necesario organizarnos para ponerle un alto a la barbarie y construir alternativas globales orientadas al bien común.

Para agravar aún más las cosas, se está dando, en varias partes del mundo, el resurgimiento y fortalecimiento de distintas tendencias de extrema derecha, conservadoras, neoconservadoras e incluso fascistas, las cuales se presentan como una vía para preservar los intereses de la burguesía ante la crisis, sin importar el futuro de la humanidad. En ese sentido, el ascenso al poder del xenófobo, misógino y anticientífico Donald Trump, con el correspondiente abandono de los Acuerdos de París por parte de Estados Unidos, es la alarmante expresión de que la oligarquía da la espalda de forma reaccionaria a las ya de por sí ínfimas medidas que había adoptado para enfrentar el cambio climático generado por el propio productivismo capitalista. El único hilo conductor irrenunciable de la clase en el poder es la obtención de ganancias a toda costa; necesitamos alternativas provenientes desde abajo, desde los sectores oprimidos por el sistema, desde el pueblo trabajador.

En México, país sometido al dominio imperialista de EU, se condensan y combinan muchas de estas problemáticas, sobre todo, y de manera aún más encarnizada, como resultado directo de tres décadas de neoliberalismo. En complicidad con el Estado Mexicano y los partidos del régimen, las empresas nacionales y transnacionales (incluidos los carteles del narcotráfico) han saqueado los recursos naturales, dejado en abandono al campo, encarecido y privatizado los servicios de salud, atentado contra los derechos laborales y educativos, devastado los territorios de los pueblos originarios y, en general, desmantelado el país. Como respuesta a esta situación, se han desarrollado múltiples movimientos sociales que, en distintos momentos, han irrumpido con dignidad en el escenario nacional e incluso internacional. Sin embargo, dispersos y limitados por dinámicas particulares, locales o gremiales, dichos movimientos no han conseguido echar atrás al conjunto de políticas neoliberales, logrando si acaso victorias parciales o temporales.

No obstante, el hartazgo acumulado por la carestía de la vida, el deterioro ambiental, la militarización y la violencia generalizada, los feminicidios, los crímenes de odio, la represión y demás atropellos sucesivos cometidos directamente por o en complicidad con los partidos y el Estado, han generado una profunda crisis de legitimidad de las instituciones del régimen. Es preciso tender puentes de unidad y solidaridad entre todos los sectores en resistencia para que esta crisis se resuelva, con la caída del régimen actual, en beneficio de la mayoría trabajadora y oprimida. Debemos organizarnos para que movimientos campesinos, estudiantiles, de trabajadores urbanos, de mujeres, de disidencia sexogenérica, de afectados ambientales, de víctimas de la violencia y demás luchas nos articulemos, formando un polo social capaz de disputar el país a la oligarquía y trazar un nuevo rumbo.

Ante esta situación, quienes formamos parte de la comunidad científica no podemos permanecer indiferentes. No debemos encerrarnos en nuestra torre de marfil académica, como si fuésemos ajenos a los problemas del mundo, ni escudar nuestro conformismo bajo la ilusión de una pretendida “neutralidad” de la ciencia. Los científicos debemos asumir que, además de intelectuales, somos parte de la clase trabajadora que mueve al mundo. Por lo tanto, como los demás trabajadores, el acceso al empleo está a merced de los cambios en el mercado laboral. La orientación y el desarrollo de nuestra actividad creativa están en buena medida condicionadas por el financiamiento que grupos de poder otorgan en función de sus propios intereses corporativos, asfixiando presupuestalmente a tal o cual rama de la investigación, o incluso a la ciencia en su conjunto, cuando no les resulta prioritaria para la obtención de ganancias. Así pues, los frutos del conocimiento científico y de la técnica se encuentran en constante disputa entre el interés privado y el bien común.

En ese sentido, a los científicos nos corresponde tomar postura activa y luchar al lado de nuestra clase, la clase trabajadora, así como junto a todos los sectores oprimidos por el sistema, con completa independencia política de la burguesía y de sus partidos. En nuestra práctica intelectual, técnica y política, debemos construir una ciencia que sirva para la emancipación. Con esa perspectiva es que, desde principios de 2018, estudiantes, investigadores y demás trabajadores relacionados con la ciencia, iniciamos un proceso de acercamiento y confluencia a partir de nuestro involucramiento en los esfuerzos de articulación en torno a la “Marcha por la Ciencia” del 2017 y las dos ediciones del “Conciencias por la Humanidad” del EZLN, las asambleas de estudiantes de posgrado en contra de los recortes a las becas, el desarrollo de espacios de pensamiento crítico a contracorriente de las tendencias reaccionarias dominantes en las universidades, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, las luchas ambientales, la militancia en organizaciones anticapitalistas, la Nueva Central de Trabajadores y las luchas de investigadores sindicalizados contra la precarización, los grupos dedicados a la popularización del conocimiento y otras muy diversas y valiosas experiencias de organización y acción desde la trinchera científica en años recientes.

Nuestro llamado, con miras al desarrollo de fuerzas sociales capaces de hacer frente a la vorágine capitalista, es a construir una herramienta organizativa propia de la comunidad científica que sirva para promover su politización, así como su movilización en apoyo a las luchas por la dignidad y la justicia. En este proceso de insubordinación de la ciencia contra la lógica de la acumulación del capital, queremos construir una ciencia más colaborativa y solidaria, a la vez que más crítica y reflexiva sobre su propio rol en la preservación o la transformación del estado de las cosas, una ciencia contra el racismo y la injusticia, una ciencia internacionalista y contra la xenofobia, una ciencia que esté al servicio de la humanidad y de la preservación de la vida en el planeta. Para forjar una salida revolucionaria a la crisis de la civilización, enarbolamos: ¡Ciencia para el Pueblo!

Ciudad de México
6 de abril de 2018

Ciencia para el Pueblo – México

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