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Por Philip Guelpa

Un nuevo estudio publicado en la revista Science (“Locus asociados con la pigmentación de la piel identificada en poblaciones africanas”, 12 de octubre del 2017) dilucida los mecanismos genéticos que controlan el color de la piel humana y demuestra que las concepciones raciales con respecto al color de la piel y su supuesta demarcación de distintas agrupaciones de seres humanos no tiene fundamentos científicos.

La visión tradicional ha sido que los primeros humanos tenían la piel oscura como una adaptación evolutiva para protegerse de la peligrosa radiación ultravioleta del duro sol africano. A medida que los humanos se extendieron a otros continentes y latitudes más altas, donde la entrada solar era menos intensa, se desarrolló piel más clara para permitir una mayor producción de vitamina D, un nutriente esencial, que se produce en la piel con la luz solar. Sin embargo, la distribución geográfica real de las poblaciones con diferentes tonos de piel no encaja perfectamente en este simple escenario. Si bien no niega este mecanismo, la nueva investigación revela una imagen mucho más complicada.

Hasta hace poco, si bien se conocía el factor básico que conduce a la variación en el tono de la piel debido a las diferentes concentraciones y tipos del pigmento melanina, había muy poca comprensión sobre la base biológica de cómo se determinaba el color de piel de un individuo, y la mayoría de eso se basaba en estudios de poblaciones europeas, proporcionando una visión muy estrecha del rango total de variación. Como lugar de nacimiento de la humanidad, África tiene la reserva genética humana más diversa (poblaciones que han tenido el mayor tiempo para desarrollar la variación genética) y, por lo tanto, es más probable que proporcione datos útiles sobre la variación genética, incluyendo la que influye en el color de la piel.

Los datos utilizados en la nueva investigación, dirigida por un equipo de casi 50 coautores de más de una docena de instituciones diferentes en EUA y varios países africanos, derivan de un estudio de 2092 voluntarios en Tanzania, Etiopía y Botsuana, de diversos orígenes éticos y genéricos. Se midió su color de la piel y se analizaron en detalle los genomas de 1570 personas. Esto resultó en la identificación de seis regiones genéticas que, en combinación, están asociadas significativamente con la determinación del color de piel de un individuo, que representa de forma colectiva el 29 por ciento de la variación observada. Cada uno de los loci de genes tiene variantes (alelos) asociados con diferentes tonos de piel, que van desde relativamente más claro a más oscuro. Los resultados se compararon con los datos genéticos existentes de poblaciones de África occidental, Eurasia y australo-melanesias.

El hecho de que no se contabiliza el 71 por ciento de la variación en los genes identificados hasta el momento sugiere fuertemente que la determinación genética del color de la piel es aún más complicada de lo que la investigación actual ha revelado. Significativamente, se halló que la mayoría de las variantes, tanto para la piel clara como oscura, se originaron en África. También es importante señalar que los genes identificados se localizan en varios cromosomas diferentes, lo que indica que su transmisión no está relacionada estrechamente con la reproducción.

Se sometieron a pruebas las acciones de los diversos genes introduciendo a estos en ratones de laboratorio y peces cebra, y observando los resultados.

El descubrimiento de que el color de la piel es controlado por múltiples genes, cada uno con una gama de variantes, demuestra de manera concluyente que la coloración de cualquier individuo es el resultado de una combinación compleja de múltiples factores, que interactúan dialécticamente entre sí. La apariencia exterior de cada persona (fenotipo) es la expresión de un balance que resulta de la combinación de esta paleta de colores genéticos (genotipo). Además, esto puede no ser simplemente un proceso aditivo. Como con tantas otras características biológicas, algunas variantes genéticas, solas o en combinación, pueden ser dominantes en su expresión sobre otras, conocidas como recesivas, haciendo que el resultado sea aún más complejo.

Además de aclarar los mecanismos genéticos que controlan el color de la piel, el análisis también proporciona información sobre la historia evolutiva de estos mecanismos. Según el estudio, al menos algunas de las variantes son bastante viejas, habiendo evolucionado hace cientos de miles de años. Con respecto a las variantes asociadas con el color de piel más clara, siete tienen al menos 270 000 años y cuatro tienen más de 900 000 años. Una de las últimas se encuentra en los europeos y los cazadores-recolectores bosquimanos de Botsuana.

Una de las implicaciones significativas de este hallazgo es que estas variantes coinciden o preceden sustancialmente la aparición de los humanos modernos, que ocurrió entre 200 000 y 300 000 años atrás. En otras palabras, una variación compleja en el color de la piel ha sido parte de la evolución humana desde hace mucho tiempo.

Otro hallazgo es que algunos genes del color de la piel han cambiado significativamente con el tiempo. Tres de las variantes que producen la piel más oscura parecen haber evolucionado a partir de versiones de colores más claros. Otra variante, que se originó hace relativamente poco entre las personas en Europa y Medio Oriente, se ha expandido a África, posiblemente en asociación con las migraciones de los primeros agricultores.

Es probable que la amplia gama de variación del color de la piel originalmente evolucionó a medida que pequeñas y tempranas poblaciones humanas se adaptaron a una infinidad de entornos locales, influenciadas por muchos factores selectivos diferentes. Los movimientos de poblaciones posteriores, que abarcan cientos de miles de años, incluyendo el mestizaje de humanos modernos, Neandertales y tal vez otras poblaciones locales, mezclaron y remezclaron la reserva genética, creando una matriz de características físicas que frecuentemente sólo fueron en parte el reflejo de la configuración ambiental donde terminaron.

Como señala uno de los autores del estudio, Sarah Tishkoff, los chimpancés, nuestros parientes evolutivos vivos más cercanos, son de piel clara debajo de su vello corporal. Por lo tanto, es probable que los primeros homininis fueran de color claro y que la piel más oscura se desarrollara más tarde, cuando se mudaron de las áreas boscosas a la sabana.

La multiplicidad de controles genéticos sobre el color de la piel significa que no hay categorías fijas basadas en esta característica esencialmente superficial. La infinita variedad de tonos de piel que existe actualmente en el mundo solo refleja un momento en la variación constantemente cambiante que ha tipificado a la evolución humana durante millones de años.

Como en muchos otros estudios científicos, esta última investigación confirma, otra vez, que el concepto de la raza entre los humanos es una construcción social sin ninguna base biológica objetiva. Aquellos que ven el color de la piel como un marcador de distintas agrupaciones raciales, asociadas con otras características como la inteligencia, eligen, consciente o inconscientemente, ignorar el amplio rango de variación que existe entre humanos contemporáneos. El estudio publicado en Science demuestra de forma convincente que el control genético sobre el color de piel de una persona es extremadamente complejo y, por lo tanto, no es susceptible de una clasificación simplista.

Eso no quiere decir, empero, que el racismo no tiene una base objetiva. Sin embargo, es social y no biológica. En la sociedad capitalista, las distinciones raciales, étnicas, religiosas y lingüísticas han sido y continúan siendo un arma en las manos de la clase dominante para mantener a los trabajadores divididos en cara a la opresión de clase.

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