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El presidente de la República Popular China, Xi Jinping, ha hecho un llamamiento para frenar la influencia de las religiones en el país.

En un artículo publicado en el diario oficial Global Times y titulado “China se esfuerza por mantener la armonía religiosa”, se explica cómo Jinping, en unas conferencias sobre la religión, recalcó ante los principales miembros de su Gobierno que los miembros del Partido deben ser “inquebrantables ateos y laicos”.

El secretario general advirtió del peligro de que los líderes de las distintas confesiones religiosas no sigan las directrices del partido chino, sino que obedezcan a los líderes de otros países en los que la religión está altamente politizada y que están interesados en influir en la política nacional china.

Las declaraciones del presidente chino coinciden con una mayor restricción de las instituciones religiosas en el país. Según dice Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), bajo la presión del Gobierno chino, la mayoría de los fanáticos católicos son llevados a sesiones de reeducación en centros educativos. Según el régimen chino, en estos centros se enseña música, ciencia, idiomas, arte e historia de las religiones.

La asociación también advierte que muchos templos cristianos son convertidos en bibliotecas, en algunos lugares se ha prohibido toda actividad religiosa y se ha procedido a la retirada sistemática de cruces. Durante el último año, 1.800 iglesias han sido despojadas de sus cruces.

 

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