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El lunes 15.000 obreros alemanes del metal iniciaron una huelga en varios de los 16 estados del país, que se prolongó a la jornada de ayer en más de 80 empresas.

Es la mayor huelga del sector metalúrgico en los últimos 30 años, que ha afectado incluso al fabricante de coches Porsche.

Las huelgas comenzaron poco después de la medianoche del lunes en los estados alemanes de Baviera y Renania del Norte-Westfalia, sede de importantes empresas metalúrgicas y de ingeniería.

El sindicato de obreros del metal IG Metall lucha por conseguir las 28 horas semanales de trabajo y un aumento salarial del 6 por ciento para todo el sector.

Con unos 3,9 millones de trabajadores afiliados, el sindicato IG Metall quiere que todos los obreros metalúrgicos y de la electricidad tengan la posibilidad de reducir sus horas de trabajo durante un período de dos años, con el derecho de volver a su jornada de tiempo completo cuando termine ese plazo.

Paradógicamente, la huelga es consecuencia del bajo índice de desempleo que “padece” el capitalismo alemán, un sistema económico que necesita imperiosamente lo que Marx calificó como un “ejército industrial de reserva”, es decir, obreros en paro.

Para crear esa reserva de fuerza de trabajo, el gobierno de Merkel había recurrido a los inmigrantes, pero las presiones fascistas y xenófobas la han obligado a restringir la llegada de inmigrantes y refugiados.

Alemania necesita una mano de obra excedente que no tiene como consecuencia de la caída de los índices demográficos, lo que ha dado a los sindicatos una enorme fuerza negociadora, que aprovechan para reducir la jornada de trabajo e importantes incrementos salariales.

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