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Por Germán Cabanillas
En la Rusia del zarismo, la “sodomía” era ilegal formalmente desde 1835: los individuos que no se ajustaban a las “normas” predominantes de género y sexualidad eran arrastrados a prisión por el solo hecho de existir(1). Pero la situación cambió de la noche a la mañana cuando los bolcheviques y la clase obrera ganaron el poder. La discriminación fue abolida por completo de la ley a partir de un decreto del Consejo de los Comisarios del Pueblo del 5 de diciembre [22 de noviembre] de 1917. “Con la revolución bolchevique de 1917, Lenin eximió de la aplicación del Código Criminal Imperial y se instruyó a los jueces para que actúen en base a su ‘conciencia revolucionaria’. No hubo una nueva codificación del crimen hasta 1922”(2). En ese año se sancionó un nuevo Código Penal en el que -implícitamente- se eliminó la criminalización de la homosexualidad y se removieron todas las leyes en contra de ella(3). Así fue como con un gobierno de la clase trabajadora, parido por la Revolución Rusa, se vislumbró un futuro de libertad para los anteriormente sexos marginados y las identidades sexuales oprimidas.
 
Desde la Revolución de Octubre, bajo el liderazgo de Lenin y Trotski, de 1917 a 1926, se sancionaron leyes a favor de la diversidad sexual y la identidad de género que se adelantaron a las de los países que las han adoptado en la actualidad en términos de derechos humanos y democráticos: se legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo, las personas transgénero podían acceder a todo trabajo (incluso a las fuerzas armadas), la investigación sobre temas de intersexualidad fue patrocinada por el Estado, se permitían las intervenciones quirúrgicas de readecuación sexual a pedido de los pacientes (con las limitaciones que la ciencia y la medicina posibilitaban en la época) y el cambio de género en los documentos oficiales se conseguía sin necesidad de someterse a cirugías ni consultas psicológicas2. Un signo de los nuevos tiempos fue que el nuevo Comisario de Relaciones Exteriores, sucesor de Trotsky luego de Brest Litovsk, fue Gueorgin Chicherín, un reconocido homosexual, representante del Estado soviético en la arena mundial de 1918 a 1930.
 
Quedaba en claro que los bolcheviques tenían una postura firme de oposición al prejuicio y a la discriminación. La nueva legislación soviética, aprobada por las autoridades del Instituto de Higiene Social de Moscú en 1923, declaraba que el Estado y la sociedad no intervendrían en lo absoluto en lo concerniente a las relaciones sexuales de las personas siempre que no dañaran a nadie ni vulneraran sus intereses. La homosexualidad y varias otras formas de deseo sexual establecidas en la legislación europea como ofensas contra la moral pública -en Gran Bretaña la homosexualidad fue ilegal hasta 1967 y recién en 1993 se eliminó mundialmente de la lista de enfermedades mentales- fueron tratadas en la legislación soviética como relaciones sexuales ‘naturales’.
 
El Termidor de la Revolución
 
La dictadura de la burocracia, dirigida por Stalin, luego de la derrota de la Oposición de Izquierda -liderada por Trotsky- liquidó todos los logros sociales y políticos de la revolución. Esta contrarrevolución revivió pasados “valores morales” burgueses y los adornó con terminología “marxista-leninista” (‘corruptos’, ‘burgueses’, ‘fascistas’), hasta que en 1933 la diversidad sexual y de género terminó siendo prohibida y castigada cuando se añadió al Código Penal el artículo 121 que condenaba las relaciones homosexuales con cárcel de hasta ocho años: purgas masivas, trabajos forzados y sangrientos genocidios en el Gulag fueron los resultados(4).
 
Con el estalinismo, el Estado reintrodujo y apoyó la homolesbotransfobia, la homosexualidad fue patologizada y los derechos conquistados por las mujeres (como el divorcio y el aborto legal) también fueron criminalizados con el objetivo de reforzar la familia nuclear como base de un orden social conservador (5). Los estalinistas rusos lograron transmitir su LGBTIfobia a los partidos comunistas alrededor del mundo, que sufrieron una tremenda regresión reaccionaria en estas cuestiones.
 
La perspectiva marxista
 
Acabar con toda opresión y crear un mundo donde la humanidad pueda desenvolverse libre de las restricciones de la sociedad de clases: así fue como los bolcheviques abordaron hace cien años las temáticas LGBTI de nuestro presente.Cualquiera de las formas de opresión del sistema social capitalista sobre las personas es el objetivo que un partido marxista revolucionario debe subvertir. Pero corresponde advertir que la lucha de la sociedad explotada y oprimida es una lucha común para acabar con la división, el disciplinamiento y la homolesbotransfobia que impone el capitalismo, que toma los prejuicios de sociedades que le precedieron para imponer una división dentro mismo de la clase explotada y someter a una parte de ella a una doble explotación. Es una falacia acusarnos a los marxistas de que “únicamente” nos enfrentamos a las condiciones económicas de la sociedad, que nos centramos con exclusividad en las cuestiones de clase, sin tener en cuenta etnia, población, género y sexualidad. Lo que tratamos de explicar es cuál es el vínculo que se establece entre ellas y la utilización que hace el capitalismo de estas diferencias, a partir de que las distintas formas de opresión no se entrecruzan sencillamente en términos de individuos, sino que expresan relaciones causales a nivel social, y que la explotación y la opresión de clases es la base de estas relaciones.
 
Esto no significa que no tengamos que luchar contra las múltiples manifestaciones que toman la opresión, la discriminación y el prejuicio, sino que la lucha contra ellas se desprende necesariamente de la lucha contra la explotación de clases. Esto tampoco quiere decir que el sexismo, el racismo y la homolesbotransfobia desaparecerán de modo automático de un día para el otro porque se haya logrado el socialismo. Estas formas de prejuicio y discriminación desaparecerán de manera gradual con el tiempo a medida que el socialismo elimine la base material y las divisiones de clase sobre las que están cimentadas.
 
Para conseguirlo, la lucha del movimiento LGBTI en contra de la opresión debe ser independiente del Estado capitalista -que procura regimentarla, haciendo como que adopta sus banderas – y debe estar ligada a la lucha por un gobierno de la clase trabajadora, una lucha que revierta el orden de explotación del poder establecido de la burguesía.
 
Hace cien años, los bolcheviques se lanzaron a la batalla, tanto antes como después de llegar al poder, del lado de los explotados y los oprimidos. Hoy, los militantes marxistas tomamos el ejemplo y nos lanzamos contra la homolesbotransfobia como los más implacables luchadores, como en todas las demás luchas.
 
 
Fuentes:
 
1. Healey, Daniel (19-6-2005): “Russia”. En “Glbtq: An Encyclopedia of Gay, Lesbian, Bisexual, Transgender, and Queer Culture”<www.glbtqarchive.com/ssh/russia_S.pdf>. Ultima visita: 15-9-2017.
 
2. Healey, Daniel: “Homosexual Desire in Revolutionary Russia. The Regulation of Sexual and Gender Dissent”. University of Chicago Press, 2001.
 
3. Hazard, John N.: “Unity and Diversity in Socialist Law”. En “Law and Contemporary problems”. Duke University School of Law. Vol. 30, n. 2. doi:10.2307/1190515, 1965.
 
4. Resource Information Center (8-5-2008): “Russia”, en Official Websiteof the Department of Homeland Security”. EEUU. <https://www.uscis.gov/tools/asylum-resources/resource-information-center…. Ultima visita: 15-9-2017.
 
5. West, Donald J. & Green, Richard (1997): “Sociolegal Control of Homosexuality: A Multi-Nation Comparison”. SpringerScience& Business Media.
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