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Por Juan Ferro

Bajo la dictadura de Figueredo en el Brasil de los ´80, ante una enorme crisis del club Corinthians, los jugadores se organizaron, tomaron las riendas del club y constituyeron el mayor movimiento ideológico de la historia del futbol de ese país.

En 1981,Corinthians venía de una pésima campaña, tanto en el campeonato brasileño, como en el paulista. En abril de 1982 culmina la pésima gestión de Vicente Matheus en la presidencia del Club y es electo Waldemar Pires para sucederlo.

Pires designa a cargo del fútbol del club a un sociólogo, Adílson Monteiro, un joven con ideas revolucionarias para la administración deportiva. Adílson defendía la idea de escuchar las opiniones de los jugadores y de otros miembros del equipo.

Sumado a este factor, la presencia de jugadores con cierta militancia política y de una enorme personalidad como era el caso de Sócrates, dio comienzo a una verdadera revolución dentro del Corintians.

A partir de entonces, se implementó un sistema de autogestión en el que jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y empleados, decidían sobre diferentes tópicos de la administración del Club, sobre la base de votaciones.

Un aspecto fundamental era que todos los votos tenían el mismo peso, sin importar la función de la persona ni el peso dentro de la institución. La experiencia autogestionaria fue derivando en una conclusión política: el posicionamiento de los jugadores frente a la dictadura militar.

Corintians fue el primer Club de Brasil en utilizar una camiseta con mensajes propagandísticos. Por iniciativa del publicista Washington Olivetto se estampó en forma permanente la consigna democracia Corinthiana en su vestimenta, pero también fueron alternando consignas a favor de la democracia, como “diretas-já” (“elecciones ya”) o “eu quero votar para presidente” (“quiero votar para presidente”); “Ganar o perder pero en democracia”.

Sócrates, el jugador símbolo de ese movimiento, además de ser un enorme jugador de fútbol, revolucionó los conceptos de la época: “abolimos el proceso que existía en el fútbol donde los dirigentes impedían que los jugadores se hicieran adultos”. “Al inicio hubo ansiedad en mis compañeros, no estaban acostumbrados a expresarse, a decidir, pero fueron aprendiendo y se prepararon para enfrentar su profesión y su vida”.

Se reunían, conversaban y resolvían por mayoría casi todos los asuntos. Por ejemplo, en vez de recibir premios por victorias, propusieron cobrar un porcentaje de las recaudaciones y otro de la sponsorización y televisación. Ese dinero lo repartían por igual tanto entre los jugadores como con los utileros, los médicos o el chofer del autobús que los conducía.

El resultado del nuevo sistema fue muy positivo y enamoró a sus hinchas, así como escandalizó a los demás dirigentes del fútbol de Brasil.

El equipo llegó a la semifinal del campeonato local de 1982, y conquistó el campeonato paulista en 1982 y 1983. Además, durante el período de autogestión, Corintians consiguió sanear toda su deuda, dejando incluso una reserva en caja de 3.000.000 dólares para el siguiente período.

A partir de 1984 se empieza a formar la unión de los trece clubes más poderosos del país conocida como “Club de los 13”, una suerte de la actual “Superliga” argentina ligada a los negocios y a los gerenciamientos deportivos, que enfrentó al movimiento de la democracia corintiana. Esta situación más las presiones políticas de la propia dictadura liquidaron el movimiento, después los hicieron pelota y el mundo siguió andando.

El gran Eduardo Galeano definió como nadie esta enorme epopeya:

“En el despótico señorío de la pelota los jugadores son los últimos monos del circo. No tienen derecho a decir ni pío. Pero no siempre ha sido así. Allá por 1982, en plena dictadura militar, los jugadores del Corinthians tomaron el poder. Ellos, los futbolistas lo decidían todo, se reunían y democráticamente por mayoría, elegían el método de trabajo, los sistemas de juego, los horarios de entrenamiento, el reparto del dinero… Lo votaban absolutamente todo.

Se vaticinaron los peores augurios pero sin embargo, durante esos años, el Corinthians convocó las mayores multitudes en los estadios de Brasil, además de ganar consecutivamente el Campeonato Paulista durante dos años, ofreciendo el más hermoso y vistoso fútbol de todos. La experiencia de la ‘Democracia Corinthiana’ fue breve, pero valió la pena.”

Eso fue en los ´80. De la experiencia de Sócrates y sus compañeros parecía que no quedaban rastros pero en el 2005, 25 años después, en Inglaterra, en la meca del fútbol-negocio, los hinchas de Manchester United desencantados con el arribo del magnate estadounidense Malcolm Glazer -que compró el Club sin poner un peso- realizaron una experiencia similar, aunque eso terma de la próxima nota.

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