Manuel Aguilar Mora

Pensar en el ’68 cincuenta años después, en pleno otoño de mi vida, después de tantos reflexiones y escritos míos y de los demás sobre esa fecha clave del siglo XX ¿cómo añadir algo más a ese océano de textos y de interpretaciones?

Pensando en la petición que la editorial francesa de izquierda Syllsepse nos hace para participar en la confección de un libro en que relatemos brevemente sobre los acontecimientos de 1968 y el impacto que tuvieron en nuestras vidas, decidí redactar las líneas siguientes sobre esos diez años de 1958 a 1968 que para mí culminaron el 2 de octubre en Tlatelolco y que fueron la patria de mi juventud. Tomo el título precisamente del hermoso libro sobre el movimiento estudiantil mexicano de 1968 en el Politécnico escrito por Jesús Vargas, porque eso fueron mis años vibrantes de estudiante universitario en la UNAM en donde se forjaron las raíces que, enriquecidas por tantos años, todavía nutren hoy mi viejo tronco.

Al principio todos éramos vallejistas y fidelistas. Todo comenzó en 1958 cuando los heroicos trabajadores del sindicato del riel encabezados por Demetrio Vallejo desafiaron al imperio del PRI y cuando el 1° de enero de 1959 los barbudos de Fidel Castro entraron a La Habana y derribaron al dictador Batista títere del imperialismo de Estados Unidos. Los barbudos eran todos jóvenes. Fidel, el más viejo, no cumplía todavía 33 años y el Che Guevara, que sólo comenzó a ser mundialmente conocido hasta 1961, acababa de cumplir 30 años. Fidel insistía que encabezaba una revolución “verde oliva”, de ninguna manera “comunista”, que era “humanista”. Era verdad, el 26 de julio no tenía nada de “comunista”, ni tampoco de “marxista-leninista”. Por su parte Vallejo, miembro del estalinista Partido Obrero-Campesino de México, también era un joven trabajador que se comportó siempre como un inclaudicable dirigente obrero que nunca traicionó a su gremio por lo que, cuando la avalancha de la represión militar rompió la huelga ferrocarrilera que lidereaba a principios de 1959, debió pagar con más de once años de cárcel su osadía de desafiar al poderoso gobierno de López Mateos en pleno auge del priismo.

Para ese joven clasemediero muy influenciado por la rebeldía juvenil que se iniciaba en esos años, mi identificación con las conmocionantes luchas de los trabajadores ferrocarrileros y de los barbudos guerrilleros cubanos era, como sucedió con otros miles de jóvenes, casi natural. Inmediatamente participamos en las movilizaciones promovidas por los comités de solidaridad con los presos políticos ferrocarrileros y en abril de 1961 estuvimos con los miles de manifestantes que llenaron las calles protestando por el intento de invasión militar a Cuba socialista promovida por Washington con motivo de los acontecimientos de Bahía de Cochinos.

En México todo esto tuvo muchas consecuencias, algunas claramente contradictorias. La tremenda derrota del sindicato ferrocarrilero, vanguardia del movimiento obrero, se tradujo en en el dominio cuasi totalitario del charrismo sindical sobre los trabajadores. La influencia candente de la revolución cubana que irradió por todo el subcontinente latinoamericano, en México se concentró ante todo en un dinámico y radical movimiento estudiantil cuyo activismo se expandió a las universidades más importantes del país.

Después de terminar la carrera de Ciencias Políticas y Sociales, ese activismo estudiantil me impulsó a seguir participando en la UNAM ahora como estudiante de una segunda carrera en la Facultad de Filosofía y Letras, en donde me encontraba cuando estalló el 26 de julio el movimiento estudiantil-popular de 1968 cuyas dos columnas principales fueron la UNAM y el Politécnico. Y el corazón del movimiento en la UNAM fue la Ciudad Universitaria de San Ángel en donde se encontraba la Filo. De inmediato nos integramos al Comité de Lucha de la Facultad, al cual también de inmediato se unió el viejo revolucionario comunista y escritor José Revueltas, con quien tejimos una amistad fructífera y entrañable. Fueron días de una actividad febril. Las ideas eran traducidas directamente a la acción. La teoría y la práctica (la praxis) eran la mancuerna que una difusión cada vez más amplia del marxismo, en su versión revolucionaria antiestalinista, determinaba la militancia de miles de estudiantes que ya tenían años de militancia y experiencia como la vanguardia que fueron en la lucha antiimperialista, en especial contra la guerra de Vietnam y por la democratización de México.

Los acontecimientos de 1968 y ante todo los de la noche de Tlatelolco, conmocionaron al país. Un sector de los activistas sesentayocheros, impulsados incansablemente por José Revueltas, decidimos emprender la organización de un partido en ruptura completa con la tradición estalinista que hasta entonces había determinado por entero a la izquierda mexicana. Fue así que muchos de nosotros confluimos con la herencia del marxismo revolucionario, profundamente antiestalinista, y conocimos las ideas y los hechos de grandes revolucionarios que se habían destacado como baluartes de la lucha independiente, democrática, libertaria e internacionalista. Así fue como nos introducimos a las ideas del más grande de todos ellos, León Trotsky, que aunque había vivido sus últimos años y había sido asesinado en México era prácticamente una figura desconocida, cuando no calumniada, en la izquierda mexicana antes de los años sesenta.

Los años que siguieron han sido los de mi participación en el esfuerzo colectivo continuado por dotar a los sectores de trabajadores y oprimidos de México con la organización independiente, democrática, revolucionaria e internacionalista que es absolutamente necesaria para la victoria anticapitalista. Sólo así se se superará la actual crisis de pobreza, inseguridad, violencia, estancamiento económico, cierre de perspectivas de progreso y bienestar para la abrumadora mayoría de la población que determina la situación actual de México. Esta ha sido, pues, la actividad que ha concentrado mis esfuerzos políticos en la fundación y construcción primero en 1976 del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y en 1996 de la Liga de Unidad Socialista (LUS) en la cual milito actualmente.

Y todo esto comenzó hace más de cincuenta años.

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