El marxismo representa una innovación radical en la filosofía. Su novedad estriba en ser una nueva práctica de la filosofía, pero lo es justamente por ser una filosofía de la praxis. Tal es la tesis que queremos sostener.

Pero, para evitar ambigüedades y malentendidos, se requiere precisar previamente los conceptos fundamentales que hemos de utilizar, a saber: “filosofía de la praxis”, “praxis”, “práctica”, “teoría” y “unidad y distinción de teoría y praxis”.

Veamos, pues, estos conceptos. Filosofía de la praxis: el marxismo, en cuanto hace de la praxis su categoría central. Así entendido, rechaza las interpretaciones:

a] ontologizante (según la cual el problema filosófico fundamental es el de las relaciones entre el espíritu y la materia) ;

b] epistemológica (según la cual el marxismo se reduce a una nueva práctica teórica);

c] antropológico-humanista (según la cual el marxismo como proyecto de emancipación se enraíza en un concepto abstracto de hombre).

A diferencia de estas interpretaciones, la filosofía de la praxis considera en unidad indisoluble el proyecto de emancipación, la crítica de lo existente y el conocimiento de la realidad a transformar. El gozne en que se articulan estos tres momentos es la praxis como actividad real orientada a un fin. Se trata de transformar el mundo (proyecto o fin) con base en una crítica y un conocimiento de lo existente. El problema teórico (filosófico) fundamental es, por tanto, el problema práctico de la transformación del mundo humano, social; o sea: el de la autoproducción o cumplimiento del hombre, en un contexto histórico-social dado, en y por la praxis.

Praxis: en el sentido de la Tesis I sobre Feuerbach (de Marx): “Actividad humana como actividad objetiva”, es decir, real; “actividad revolucionaria… crítico-práctica”. Actividad, pues, orientada a la transformación de un objeto (naturaleza o sociedad), como fin, trazadopor la subjetividad consciente y actuante de los hombres y, por consiguiente, actividad —en unidad indisoluble— objetiva y subjetiva a la vez. Lo determinante en este proceso práctico no es la transformación objetiva (separada de la subjetividad) ni la actividad subjetiva (separada de la objetividad) sino la unidad de ambos momentos. Este concepto de praxis se da cumplidamente en la forma ejemplar de ella que es el trabajo humano, tal como lo define Marx en El Capital, y no puede identificarse con el althusseriano de “práctica” que ve lo determinante en el proceso de transformación mismo haciendo abstracción del momento subjetivo.

Práctica: si su significado se amplía, hasta incluir todo proceso de transformación, cualquiera que sea el material, los instrumentos de transformación y el producto, cabe hablar entonces de “práctica teórica” o también de “práctica onírica” o “alucinatoria”, pero en este caso el concepto de práctica desborda (o más bien falsifica) el sentido originario de “praxis” (en la Tesis de Marx antes citada). La teoría pierde su especificidad al convertirse en una forma de praxis y se borra la distinción entre teoría y praxis.
En el presente trabajo, “práctica” tiene el sentido de actividad o ejercicio y de acuerdo con él hablarnos de “práctica filosófica” (como forma de la “práctica teórica”) con el significado de modo de hacer, cultivar o ejercer la filosofía. Pero se trata de una práctica que de por sí no es praxis.

Teoría: en su sentido originario y amplio es visión, contemplación o descubrimiento; teoría de un objeto que, en cuanto tal, lo deja intacto. Incluso una teoría —como la de Marx— que permita descubrir en una realidad presente sus contradicciones y el sentido de sus fuerzas potenciales contribuyendo así a transformar esa realidad, la deja intacta. Cuando vemos, o teorizamos, no transformamos.

Jugando con los dos conceptos anteriores (de “práctica” como ejercicio o actividad y “praxis” como transformación práctica, efectiva, real) cabe decir que “la práctica de la teoría no es de por sí práctica”. Pero, sin dejar de ser contemplación, puede ser calificada de práctica en el sentido de que contribuye a la transformación práctica, efectiva, de la realidad.

En esta acepción, no es práctica por abolirse a sí misma, sino por el modo específico de hacerse o ejercerse; en suma, de practicarse como teoría.

Así, pues, de la tesis de que la teoría por sí misma no es acción real, transformación efectiva o praxis, no se desprende que haya de ser pura especulación; o sea, que esté desvinculada de la acción real.

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* Ponencia presentada al IX Congreso Internacional de Filosofía, Caracas, Venezuela. Junio, 1977.

Cuadernos Políticos, número 12, editorial Era, México, D.F., abril-junio, 1977, pp.64-68.

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