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Por: Verónica Muñoz Del Villar (Okupa Radio y Editorial de Medios Rupestre)
Esmeralda Martínez (Guerrilla Comunicacional México)

(GCM. Ciudad de México 10/03/17). Las calles vacías y solitarias parecen menos amenazantes conforme se pintan con la voz tersa de MC Nakury y Rebeca Lane. Pese a ser lunes, Punto Gozadera, aquel espacio colorido en el centro de la ciudad de México donde diversas luchas por la defensa del cuerpo y la multiplicidad de géneros estallan en diversos eventos y talleres, está abarrotado y no es para menos; se presentan dos mujeres rebosantes de talento y buena vibra.

Eran las 9 de la noche y Nakury se adueña del escenario. Una alegría infantil que le baila en los ojos contrasta con la fuerza de sus rimas. Pone al público a moverse al unísono de sus letras, al tiempo que crea conciencia sobre diversas causas: ecología, feminismo, anticapitalismo, respeto a la otredad, amor.
El sonido se vuelve cada vez más estimulante. Verla cantando de nuevo en México es sorprendente después de un largo recorrido de circunstancias y territorios. Nakury expresa a cada momento su pasión por el baile, las artes visuales, la docencia, la música, la vida.

Intercambiando palabras con ella, nos comenta que después de ser expulsada de un crew por haber puesto fin a su relación con uno de sus integrantes y de escuchar que “no valía la pena” enseñarle a graffitear porque “las mujeres se retiran pronto”, ella continuó su camino en el arte callejero. Recientemente, junto con Rebeca Lane y Audry Funk, formó el colectivo Somos Guerreras, con el que ha trascendido fronteras.
Hoy en día, la MC tica le planta cara al sistema empuñando un aerosol, una cámara, un micrófono o usando su cuerpo como medio de expresión para gritar una realidad que quiere ser silenciada. Da voz a diversos movimientos que denuncian la explotación, la discriminación, el despojo y la violencia que se agudiza cada vez más en la región.

Antes de que Nakury abandone el escenario, entra Miss Penny Lane, la activista, socióloga, poeta, rapera y fuente inagotable de inspiración. La mujer que en unos minutos se adueñó del micrófono como arma de deconstrucción masiva, con toda la fuerza de un linaje de mujeres guardianas de la Pachamama, se muestra por completo humana al bajar de la tarima.

Por su parte, antes del concierto, Lane nos habla de su historia personal y de dolorosas verdades históricas simultáneamente. Menciona que el simple hecho de conseguir viajar a México es más difícil que hacerlo a Estados Unidos, ya que nuestro país se ha convertido en un muro en sí mismo, un “gran tapón” para contrarrestar el flujo de migración de los países centroamericanos.

Aún con las complicaciones afirma que vale la pena, pues en México encuentra siempre gente dispuesta a escuchar lo que tiene que decir. Puede hablar con más libertad y encuentra mejor infraestructura así como una economía menos golpeada que en su país natal.

Otro punto importante fue la historia de su tía Rebeca Eunice Vargas Braghirolli, guerrillera y poeta desaparecida unos cuantos años antes de su nacimiento. En honor a ella es que la nombran Rebeca. Si bien es la primera en reconocer la historia de su tía como fuente de inspiración, también señala que ha descubierto su propio camino de forma independiente.

Lane niega hacer música “para la causa”. Nutre sus letras de la cotidianidad que le rodea y acongoja. Menciona que en un entorno donde se violenta sistemáticamente a las mujeres, es natural que exprese esta problemática en sus líricas, sin embargo la temática de su propuesta musical es mucho más amplia: anarquía, amor libre, espiritualidad, respeto hacia la naturaleza, desapariciones forzadas, alimentos transgénicos y genocidio son algunos de los tópicos que aborda en sus rimas. “Hablo de las cosas que me mueven.”

Conversar con ella facilita la comprensión de los procesos sociales de una de las regiones más violentadas del mundo por el capitalismo. Pese a haber estudiado sociología, Rebeca Lane apuesta por un feminismo comunal, de promotoras y defensoras de la Red de la Vida, coherente con la realidad de las mujeres latinoamericanas.

“Es necesario acuerparnos, porque nos están matando”. Desde su punto de vista, es justo la violencia desmedida que sufren las mujeres de Guatemala y en general de Centroamérica, lo que las ha obligado a protegerse entre ellas, construir y tolerar las diferencias, los errores propios y de las otras, en vez de atacar y señalar.

Considera que es indispensable sacudirse el feminismo que se construye desde cuerpos blancos y en contextos occidentales porque no corresponde con la realidad de nuestro pueblo, de raíces negrindias. Ese feminismo que lleva políticas de planificación familiar y orientación sexual a pueblos a punto del exterminio, donde tener hijos es un acto de resistencia para las comunidades.

Durante la entrevista en el escenario se pudo apreciar en Rebeca dos facetas: una mujer llena de sensibilidad y amor, pero al mismo tiempo agresiva e implacable contra todas las formas de opresión. Ante todo real, humana y como ella misma señala en uno de sus versos: “imperfecta como única virtud y defecto”.

Casi al finalizar el concierto, una pequeña niña canta Corazón Nómada junto a Rebeca. Las emociones están a flor de piel. Nakury vuelve al escenario para interpretar a dueto Libre, atrevida y loca. La noche llega al clímax. Se respira sororidad, sanación y magia en una fiesta necesaria. Con incontables horas de viaje a cuestas que ya les empiezan a cobrar factura y a punto de abordar el vuelo de regreso a casa, dos guerreras, “brujas”, feministas, unen sus gargantas y caderas para recordarnos que, frente al patriarcado y el capitalismo que nos quiere segmentar, es vital destruir los antagonismos, bailar y estar juntas.

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