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La mayoría piensa que el machismo sólo agrede a lo femenino, pues no, los hombres también son víctimas de él. Los valores del patriarcado son: tener poder, tener control, y el raciocinio. Todos los hombres que no tengan estas tres características son descalificados y rechazados por el machismo.
   El control del desarrollo de las habilidades que se esperan tenga un varón son vigiladas cuidadosamente por los padres, pues la ausencia de ellas condenan al hijo al rechazo social y al fracaso. En esta búsqueda lo primero que es reprimido es el mundo emocional de los niños, generando con los años una deficiencia en la inteligencia emocional que marca por siempre la capacidad de expresarse coherentemente, y muy probablemente lo llevarán en la adultez al fracaso en sus relaciones interpersonales, y en muchos casos, su fracaso en la vida de pareja por la cantidad de contradicciones al tener que amar a alguien que considera inferior.

  La violencia de género también está presente, pues muchos varones son blanco de burlas y descalificaciones ante la más mínima expresión, distinta a lo que se espera de un macho, quedan así atrapados en un estereotipo que no les deja ninguna alternativa. “Eres un varón, sólo te puedes comportar así”… esta conducta es rígida y violenta, y cualquier tipo de particularidad o diversidad es penada con el maltrato. La disminución en la escala del machismo les causa dolor, temor, depresión, angustia y culpa ante la exclusión social, y según el psicoanálisis puede ser la base de la paranoia. 

   El machismo es un sistema discriminatorio contra las mujeres y los mismos hombres, es por tanto injusto y absurdo. La combinación de no ser libre de expresar sus emociones, más la dificultad de pedir ayuda se convierte en un caldo de cultivo donde se genera violencia. Es visto como normal que los hombres tengan que ser agresivos, llegando esto a convertirse en una característica normal del género, en vez de ser percibido como un desequilibrio, y buscar la manera de resolver los altísimos niveles de presión social y afectiva a la que están sometidos los hombres en el sistema patriarcal. Esto empeora al momento de tener sus hijos, en especial si son varones, pues la norma los obliga a tener distancia con ellos y se perpetua el drama.

   Un padre machista genera familias con estructuras jerárquicas rígidas, donde el miedo a enfrentar la autoridad crea un ambiente disfuncional, tanto niños y niñas desarrollan problemas de autoestima, y están expuestos a varios niveles de violencia en forma de represión o de castigo en sus diferentes modalidades. Este clima genera seres humanos rebeldes o sumisos, ambos extremos marcan la imposibilidad de respuestas empáticas y asertivas, y se perpetua el drama.

   El rol de proveedor impuesto rígidamente al hombre y que es una medida de su valor y éxito, causan muchos problemas en especial en tiempos de crisis económica. La frustración, la rabia y el miedo no expresados llevan a un ciclo de violencia intrafamiliar incomprensible, en otros casos, hábitos autodestructivos como alcoholismo o drogadicción, e inclusive en casos más dramáticos, al suicidio.

   La sexualidad promovida por el machismo suele ser compulsiva y con tendencia a la promiscuidad, dando valor a la infidelidad, todo esto causa todo tipo de presiones y alteraciones conductuales en los varones que pueden terminar en un rotundo fracaso en la construcción de una relación de pareja y familia exitosa. La presión que existe en los jóvenes en su sexualidad les hace introyectar su sexualidad como una manera de reafirmarse como hombres, y esto los lleva a correr el riesgo de contraer enfermedades venéreas, o tener que enfrentar un embarazo precoz si no es mejor orientada por padres.

   La mayoría de hombres abusadores han sido abusados, esto coloca a los niños en una posición de riesgo, además desde muy pequeños son expuestos a la violencia de ser violentos, crecen queriendo demostrar su hombría exponiéndose al peligro, especialmente en la adolescencia con rituales de aceptación en bandas o clanes. En fin, esto se expresa por las estadísticas que dicen que siete hombres fallecen por causas violentas, mientras una mujer por la misma causa. El riesgo que corren nuestros niños es alto en el estilo de vida en que se fundamenta el sistema machista.

   La frustración de no poder cumplir con los roles impuestos por el orden patriarcal o machismo, genera en los hombres gran frustración y problemas de autoestima, los mismos pueden desarrollar cualquier patología psiquiátrica, algunas de ellas: depresión, ansiedad, alcoholismo, violencia, eyaculación precoz, paranoia, etc.

Siendo niños podemos pasar más tiempo en la calle e incluso ensuciarnos más que las niñas. Siendo adolescentes tenemos mayor libertad para escoger una pareja. Siendo adultos podemos ganar más que ellas desempeñando el mismo cargo. Indudablemente, los hombres tenemos algunas ventajas evidentes frente a las mujeres.

El primer paso para que un hombre sea aliado del feminismo consiste en reconocer que nacemos en una posición privilegiada respecto a las mujeres. Así lo afirma Jaikel Rodríguez, activista de 28 años, psicólogo de profesión y miembro de la Red Peruana de Masculinidad, colectivo formado en 2009 por hombres y mujeres que trabajan por la igualdad.

“Hacerte feminista, más allá del discurso, es ir ensayando otras formas de ser hombre”, dice Rodríguez, para quien es imposible ser feminista si no se cuestiona los valores con los que se ha crecido. ¿Cómo vivo mi masculinidad? ¿Cómo vivo mi hombría? ¿Cómo esto afecta a las mujeres? Esas son algunas de las preguntas que se plantea para tratar de avanzar en un proceso dirigido por mujeres.

Sin embargo, en su opinión, no basta con reconocer la igualdad entre hombres y mujeres, sino que es necesario “llevar al campo de la acción la relación con nuestra madre, nuestra hermana, nuestra pareja”, explica. “Ellas tienen que hacerse cargo de su proceso de liberación desde el empoderamiento. Pero nosotros, los hombres, somos los principales perpetradores de violencia machista (…) Por eso, asumir la responsabilidad desde lo cotidiano hasta lo político es una responsabilidad nuestra”.

Las mujeres dicen…

Para la psicóloga feminista, Alexandra Hernández, “el feminismo implica un cambio individual y, como tal, los hombres deben iniciar este proceso”. Sin embargo, señala que hay ciertos límites: “Un hombre feminista coherente no aceptaría asistir a un panel de feminismo liderado por hombres (…) es como si un hetero fuera protagonista de acciones LGBT”.

Para la abogada Fátima Toche, el rol del hombre en el proceso del feminismo consiste en “ser un aliado y cuestionar conductas que se han normalizado y que generan violencia, cuestionar chistes machistas, imágenes ofensivas, conductas violentas”, explica. Sin embargo, concluye que tanto hombres como mujeres deben primero reconocer el machismo en que están inmersos: “Solo luego podemos hacer algo al respecto”.

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