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El próximo 25 de noviembre es el Día Internacional de la No Violencia a las Mujeres. La fecha fue instituida por la ONU para alertar sobre el impacto de la violencia machista en la vida de las mujeres. En este 25 de noviembre, mujeres trabajadoras saldrán a protestar; vamos a salir a las calles a gritar en voz alta: ¡Abajo la violencia y el machismo, y la explotación capitalista!

Los datos de violencia contra las mujeres son cada vez más aterradores. La OMS y la ONU apuntan que 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual, practicada por un compañero íntimo, o violencia sexual por un no compañero en algún momento de su vida; 60.000 mujeres mueren por año, víctimas de feminicidio, y se estima que de todas las mujeres asesinadas casi la mitad lo fueron por sus parejas o un hombre de la familia.
Alrededor de 120 millones de niñas en todo el mundo han tenido relaciones sexuales forzadas u otros actos sexuales forzados en algún momento de sus vidas. En algunos países, hasta un tercio de las adolescentes afirmaron que su primera relación sexual fue forzada. Este porcentaje rompe con el estereotipo de que en los países ricos o “desarrollados” las mujeres sufren menos violaciones de los derechos humanos que en los países pobres o “en desarrollo”. En Londres, por ejemplo, 23% de las mujeres reportaron haber sido víctimas de violación o tentativa de violación por una pareja; incluso el porcentaje encontrado entre las mujeres de Lima (Perú) y Guadalajara (México) es casi igual que en el medio LANs (Zimbabue), con 25%.

En la Unión Europea, la mitad de las mujeres han sufrido algún tipo de acoso sexual desde la edad de 15 años. Además, 1 de cada 10 mujeres ya han sido acosadas por Internet, incluyendo haber recibido mensajes no deseados o correos electrónicos explícitos, sexualmente ofensivos, o enfoques inapropiados en las redes sociales. En la India, que en 2012 se levantó en contra de las violaciones, 92% de las mujeres ya han sido víctimas de algún tipo de violencia sexual en los espacios públicos, y 88% declarados ha sido objeto de algún tipo de acoso sexual verbal, incluidos los comentarios no deseados de naturaleza sexual, silbidos o gestos obscenos.

Los violadores más comunes son maridos y ex maridos, parejas y novios. Vale recordar que hoy en día, 2,6 mil millones de mujeres y niñas viven en países donde la violencia sexual en el matrimonio no se considera delito; solo 52 países en el mundo sancionan expresamente este tipo de crimen.

Esclavitud moderna

La esclavitud moderna tiene cara y nombre de mujer: de 40 millones de víctimas del trabajo o el matrimonio forzoso, 29 millones (71% del total) son mujeres y niñas. Las mujeres representan 99% de las víctimas del trabajo forzoso en la industria del sexo y 84% de las víctimas de los matrimonios forzosos.

Ser pobre multiplica la probabilidad de matrimonio forzado. En muchos lugares, niñas y mujeres son obligadas a casarse a cambio de pagos a sus familias o cancelaciones de deudas. En los países desarrollados, no son pocas las mujeres y niñas inmigrantes que se convierten en víctimas de esta violencia para asegurar su permanencia y/o el acceso de otra persona en el país. Sin hablar de “comprar novias extranjeras” por internet.

Los matrimonios forzosos también se utilizan como una manera de terminar los conflictos familiares, y en los países en guerra o conflictivos muchas se convierten en víctimas de grupos armados. En la próxima década, más de 100 millones de niñas se convertirán en víctimas de matrimonios forzosos. Después de casadas, muchas de estas mujeres terminan expuestas a otras formas de explotación, como la servidumbre doméstica, el trabajo esclavo e incluso la explotación sexual.

Mutilación genital

Otro tipo de violencia contra las mujeres es la mutilación genital. Doscientos millones de mujeres y niñas viven hoy con mutilaciones genitales. En el Reino Unido, la mutilación genital se ha convertido en un escándalo nacional tras el fracaso de las autoridades en la lucha contra esta práctica, considerada ilegal desde 1985. Un informe parlamentario realizado en 2014 señaló que las mujeres mutiladas llegan a 170.000 en el país y estos números vienen aumentando: en 2016 se contaron cerca de 5.500 casos, de los cuales 96% era de niñas menores de 17 años.

La connivencia de los gobiernos burgueses con la violencia a las mujeres

Agresiones, violación, incluyendo la violación correctiva contra las LBTs, y otras formas de acoso, mutilación genital, matrimonios forzosos, la trata de personas para la explotación sexual, son algunos de los principales tipos de violencia cometidos contra las mujeres. Como se puede ver, la violencia contra la mujer es endémica y demuestra el machismo arraigado en la sociedad. Pero también demuestra la connivencia de los gobiernos y los políticos burgueses (muchos de ellos involucrados en escándalos de violencia y acoso), y la falta de voluntad política para proteger los derechos de las mujeres y las niñas. Es imposible ser indiferente a esta realidad.

Los gobiernos capitalistas no solo no han hecho nada para revertir esta situación sino, por el contrario, la empeoran con sus planes de ajuste que atacan los derechos sociales y laborales, generando desempleo y precariedad, reduciendo el gasto social, flexibilizando los derechos y privatizando los servicios, dejando a las mujeres aún más vulnerables.

Todos los trabajadores han sentido los efectos de la crisis económica. Pero las consecuencias para las mujeres trabajadoras han sido particularmente crueles, porque la combinación de opresión y explotación, que ya nos pone en una situación de desigualdad en la sociedad, nos convierte en el blanco preferido de los ataques. Esa violencia social, de la peor, incluso, pues condena a las mujeres, a sus hijos y familias al hambre, la enfermedad y la pobreza, no es denunciada por la ONU ni por los organismos del imperialismo, porque es provocada justo por el sistema capitalista que defienden y sostienen.

No por otro motivo las más afectadas son las mujeres pobres, negras y las refugiadas inmigrantes. Muchas de estas mujeres están huyendo de los conflictos en su patria y han sufrido una violencia extrema y violaciones de los derechos humanos, como el asesinato y la desaparición de sus parientes, la violencia sexual y de género, y el acceso restringido a los alimentos, el agua y la energía. La discriminación contra las mujeres y las niñas es causa y consecuencia de muchos de los desplazamientos forzados. Algunas han sido desplazadas en varias ocasiones o han sido explotadas o abusadas en busca de seguridad. La actual crisis humanitaria y sus consecuencias para las mujeres refugiadas es la prueba inequívoca de que el capitalismo decadente no resuelve la desigualdad entre hombres y mujeres sino que la profundiza.

Ni Una Menos

Este cuadro de horror para las mujeres ha generado enormes protestas. En los cuatro rincones del mundo las mujeres se alzan contra la violencia, el machismo y el quite de derechos, como las movilizaciones contra el feminicidio por toda Latinoamérica bajo las consignas de “Ni Una Menos” y “Vivas Nos Queremos”, o contra la violación en el Brasil, las múltiples movilizaciones contra el quite de derechos en Europa, contra Trump en Estados Unidos, o la huelga internacional de mujeres el 8 de marzo, solo por nombrar algunos ejemplos. Muchas de estas luchas contaron y continúan contando con el apoyo y la presencia de los hombres y las organizaciones de clase obrera, para exigir el fin de la violencia contra las mujeres y los ataques a nuestros derechos.

Un día de lucha contra la violencia a las mujeres, contra el machismo y la explotación capitalista

Frente a esta situación, hacemos un llamado a la clase obrera, mujeres y hombres, a movilizarse una vez más por el fin de la violencia, el machismo y la explotación capitalista.

La Revolución Rusa de 1917 demostró que solo la derrota del capitalismo puede abrir la posibilidad real de liberar a las mujeres de la opresión. Pero, para unificar a la clase y poner a las mujeres en pie de igualdad para luchar contra el capitalismo es necesario que los trabajadores en su conjunto (mujeres y hombres) se pongan firmes contra el machismo y la violencia, pues la lucha contra el machismo y toda forma de opresión es una lucha de toda la clase obrera.

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