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Por Santiago Gándara

Cuando Ariel Dorfman y Armand Mattelart publicaban Para leer al pato Donald (1971), donde denunciaban la penetración cultural del imperialismo y su volumen de negocios en la rama del entretenimiento, Disney apenas era un mundo poblado por patos, ratones, bambis y la bella Blancanieves.

Casi cincuenta años después, The Walt Disney Company se convirtió en el segundo de los conglomerados multimediáticos –en un concentrado grupo integrado por Comscat Corporation, Time-Warner, 21st Century Fox y Viacom- que controla la producción y distribución de la mayoría de los bienes culturales que consume la población mundial, a través de sus estudios de cine, cadenas de televisión abierta y por cable, radiofonía, parques temáticos, merchandising de todos sus contenidos.

Ahora, con la firma del acuerdo entre Disney y Fox, por la cual la primera absorbe la casi totalidad de los activos del grupo fundado por Rupert Murdoch, asistimos a la conformación de un mega imperio en el nada pacífico mundo de las corporaciones de entretenimientos.

Tras un proceso que durará más de un año, Disney adquirirá los estudios de cine y televisión de Fox; los canales FX Networks, National Geographic y otros 300 canales internacionales; la mayoría accionaria de Hulu (el servicio de streaming conformado por cadenas televisivas estadounidenses); las franquicias de las películas más taquilleras (Avatar, por caso); programas de televisión (Los Simpsons, The Walking Dead, Prison Break…) y recuperará, ahora sí, la totalidad del universo de contenidos y personajes de Marvel, la empresa que había comprado en 2009 pero de la que todavía le quedaban por embolsar algunas otras franquicias (X-Men y Los 4 fantásticos) que hasta ahora retenía Fox.

A todo esto hay que sumar la lista de canales de deportes de Fox, con sus derechos exclusivos de trasmisión de las ligas de Béisbol, NBA y Hockey. A partir de esta operación ESPN (Disney) y Fox Sports pasarán a monopolizar la transmisión del deporte mundial. Pero los alcances de esta compañía recargada no tiene límites: debemos consignar los servicios televisivos del grupo de Murdoch en Europa y en Asia, muy en particular el sistema pay per view en la India.

Las razones de una operación

La cifra de la operación –un traspaso de acciones, por el cual los accionistas recibirán 0,2745 acciones de Disney por cada acción que posean de Fox- asciende a 52.400 millones de dólares. ¿Qué explica tamaño movimiento de capital? La prensa burguesa también en esto es opaca. Colocan todo, en primer lugar, en el escenario de una guerra por el mercado de streaming –una plataforma donde se puede acceder a producciones a través de una tarifa mensual-, hoy monopolizado por Netflix. En 2012, Netflix había logrado un acuerdo por el cual podía distribuir también los productos de Disney. Eso, cuando el mercado del streaming recién empezaba y Netflix tenía 20 millones de suscriptores. Hoy, cuenta con 104 millones en un mercado que crece a partir de nuevas tendencias de las audiencias que prefieren programar su consumo –cuándo, dónde, a través de qué pantalla– en lugar de seguir las grillas televisivas.

Por eso, Disney se prepara para competir en ese mercado. Dejó caducar el acuerdo con Netflix –para reservarse la distribución de todos sus productos- y anunció el lanzamiento de su propia plataforma de streaming en 2020, para la cual -en un servicio que necesita de la renovación permanente de sus contenidos para alimentar un consumo voraz- contará también con el catálogo de productos y marcas taquilleras de Fox.

Crisis y despidos

Las compras, recompras y fusiones se dan en medio de una crisis económica que afecta a toda la industria del entretenimiento, lo que revelaría que las colosales cifras en juego son producto de la especulación financiera. Fox, por ejemplo, tiene una deuda neta de 13.700 millones de dólares. Netflix, pese al crecimiento continuo de su audiencia, no puede sostenerse si no es sobre la base de seguir contrayendo deuda: recientemente ha emitido bonos por 1600 millones de dólares. Según revelan algunos medios, la deuda de la empresa alcanza la cifra de 20 mil millones de dólares (BBC Mundo, 4/8). ESPN, el líder mundial en deportes de Disney, ha tenido pérdidas por decenas de millones de dólares por la baja de más de un millón y medio de suscriptores.

Por eso, los primeros en reaccionar contra la operación de Disney fueron los guionistas –nucleados en Writers Guild of America West, el sindicato que reúne a más de diez mil escritores de cine, televisión y radio-, quienes denunciaron la compra y alertaron sobre el creciente control oligopólico que ejercen los conglomerados “a costa de los creadores” y sus condiciones de trabajo. El diario Los Angeles Times, por su parte, advierte que el acuerdo “podría traer importantes recortes de empleos en el sur de California” (14/12), que algunos calculan en pérdidas que van de 5.000 a 10 mil puestos de trabajo. 

En otras palabras, más que una industria en florecimiento y mucho más que los cambios en los consumos de las audiencias mundiales, esta compra revela otra tendencia: la concentración del capital para aumentar su tasa de ganancia en el cuadro de la crisis económica mundial y sobre la base de ajuste y despidos. Encima, consumiremos una cultura “global”, cada vez más formateada a imagen y bajo palabra de Walt Disney.

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