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Por Santi González y Beita

El 30 de julio se estrena la tercera temporada de una de las series de humor más inteligentes en televisión actualmente: Rick and Morty. El show de dibujos animados que trata las aventuras de un científico loco y su nieto a través del espacio, otras dimensiones y otros escenarios icónicos del género de ciencia ficción.  
 
Haciendo una clara referencia a Volver al futuro, Rick Sanchez (un abuelo científico, alcohólico, promiscuo y extravagante)  nos lleva a recorrer los “multiversos” mientras lo persiguen los diferentes gobiernos de cada espacio, de la mano de su influenciable nieto Morty, un adolescente que juega las veces de voz de la consciencia con varias contradicciones en su autoestima, tratando de persuadir (siempre sin éxito) a las locas ideas de aventuras a las que lo arrastra (casi) obligadamente Rick.
 
El show utiliza la parodia como principal fuente argumental de su trama y como forma de modificar las expectativas del espectador, trabajando sobre un nuevo enfoque sobre los clichés y sobre todo aportando una acidez humorística, muchas veces sexualizada y escatológica.  
 
Siempre apoyados en el trabajo sobre referencias culturales arraigadas en el imaginario colectivo, tanto mediáticas como intelectuales, en los apasionantes capítulos encontramos desde detalles inocentes como el Inspector Gadget, Garfield o Footloose, pasando por el cine y la escritura como es el caso de Cronenberg, de Stephen King o de H.P. Lovecraft. Ya sea con apoyaturas visuales o de narrativa, la serie introduce estas parodias en el desarrollo del argumento de la historia, extrapolando estas realidades fantásticas para mostrar como son triviales frente a la introducción de la vida cotidiana.
 
El primer capítulo de la primer temporada es un ejemplo claro de la dinámica con la que juega la serie. Mientras Rick y Morty viajan por los sueños de un profesor de Matemáticas con el objetivo de lograr que lo apruebe a Morty en la materia, haciendo una referencia clara a la película Inception, se encuentran con un aterrador personaje, su versión de Freddy Krueger que luego del susto inicial continua su vida cotidiana con su esposa e hijos quitándole el elemento mágico o sobre natural de la fantasía de la aterradora pesadilla. Por otro lado, el mismo capítulo cuenta con un segundo arco que se enfoca en la rebelión de unos perros contra los humanos, liderados por “Snowball”, de la misma forma que lo hace Trotsky en Rebelión en la granja.
 
Otro ejemplo, es la construcción de los personajes con los que trabaja, así como Rick hace referencia al Doctor Emet Brown y Morty, a Marty Mc Fly, encontramos a  una de las ex novias de Rick, la preciosa Unity, un parasito alienígena que intenta unificar a todos las especies en una mente enjambre, en una consciencia colectiva. Esta misma premisa es la que en los años de posguerra se utilizó en la película The Invasion of the Body Snatchers, donde la asimilación de los invasores del espacio parece alertar del peligro de la Unión Soviética y de la perdida de la individualidad frente a la sociedad comunista. Sin embargo, Rick and Morty en lugar de seguir este camino, utiliza la misma premisa para criticar nuestras nociones de la libertad individual, jugando con el “que tan malo sería” si todos viviéramos libremente en unidad, una vez más llevado al extremo del ridículo donde se juega con la fetichización sobre la individualidad (la sociedad que nos muestran que Unity asimilo, era en el pasado un mundo de violadores, codiciosos y avaros).
 
Las críticas a la religión no escapan a la parodia de esta serie. Así en varios capítulos como “Get Schwifty” o “The Ricks Must Be Crazy” se juega con que la creencia en un Dios y el origen de una religión no es más que una creación causal que da respuesta a un fenómeno con el cual no tienen relación,  o que la creación del universo no es sino producto de un sujeto que para generar electricidad para su vehículo crea un miniuniverso, donde se vale de la explotación de otros sujetos que lo consideran su dios creador, para que les genere la energía. Darse cuenta de esta realidad (que el universo no es del modo en que creían), lleva a varios personajes a entrar en una contradicción sobre su propia existencia, menos claro al sociópata de Rick, al que nada parece preocuparle.
 
Luego de que en el último capítulo de la segunda temporada, dieran a entender que Rick habría sufrido una suerte de redención con su familia, su psicología psicópata y narcisista es representada al extremo en el preludio a la tercera temporada, en el capítulo “The Rickshank Rickdemption”, donde explícitamente se juega con la idea de que la única y real motivación que mueve a la mente brillante de este científico y que lo lleva a arrastrar a toda su familia a situaciones límite, que ponen  sistemáticamente en peligro la vida de todos y de los propios multiversos, es por su necesidad de volver a consumir una salsa que salió como edición limitada en la década del 90 en Mc Donalds, que había salido a la venta para promocionar la película Mulan.
 
Dejandonos a todos los espectadores, en boca de Rick, a la  espera de “el año más oscuro de sus aventuras”, se espera la tercera temporada con sus rupturas en el espacio tiempo y sus guerras interplanetarias, en busca de una simple salsa.
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