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Después de varios meses de espera, pude ver el filme “El joven Marx”, del director haitiano (radicado en Francia) Raoul Peck. No fue fácil. Su estreno en salas cinematográficas del Brasil estaba anunciado para junio pasado pero no se produjo (por razones que desconozco). Tampoco se comercializaba en DVD y, en youtube, la mano no tan invisible del capitalismo había bloqueado todas las posibilidades de verlo, por los famosos “derechos de exhibición”.

Por: Alejandro Iturbe

Finalmente, luego de “un pedido internacional de auxilio”, una joven camarada brasileña radicada en Portugal (a quien agradezco) me envió una dirección de Facebook que me permitió ver el filme. De entrada, afirmo que la espera y la búsqueda valieron la pena.

El filme aborda la vida de Marx entre 1843 y 1848 (es decir, entre sus 24 y 30 años de edad). Comienza con el cierre de la Gaceta del Rin (en la que Marx colaboraba como redactor) y el traslado de Marx a París. Allí, por un lado, conoce personalmente e inicia una relación y una colaboración con el dirigente y teórico anarquista Pierre-Joseph Proudhon y sus seguidores. Por el otro, como parte fundamental de la historia y del propio filme, se encuentra con Friedrich Engels (otro joven alemán, radicado en Inglaterra) y así nace una relación de amistad y de elaboración teórico-política y militancia común que dura hasta la muerte de Marx (1883).

La película continúa con su ingreso, en Londres, a la Liga de los Justos (organización fundada en la década anterior por los “socialistas utópicos” y los proudhonianos) y desarrolla la batalla teórico-política que Marx y Engels llevan a cabo contra estos sectores (en especial, contra el dirigente alemán Wilhelm Weitling). El filme llega hasta el momento en que las ideas de Marx y Engels ganan la mayoría de esa organización y la transforman en la Liga de los Comunistas, para la cual escriben su programa (conocido desde entonces como Manifiesto Comunista).

Si hace falta decirlo de modo explícito, el filme me gustó muchísimo. Una opinión que excede los aspectos específicamente cinematográficos como las actuaciones, la ambientación o el ritmo del relato que son de una gran dignidad. En especial, creo que Raoul Peck acertó en los ángulos en que elige abordar la historia y, con ello, le quita el “acartonamiento” que, muchas veces, tienen estos filmes históricos.

El primer acierto es presentarnos a Marx y a Engels como militantes revolucionarios internacionalistas (tal como fue en la vida real). Su rica y extraordinaria producción en el campo de las ideas, la filosofía y la economía se muestra como una guía para ligarse al movimiento obrero existente en la época y para construir allí una herramienta política al servicio de la tarea revolucionaria. Y, en ese camino, combinan la necesaria unidad de acción con otras fuerzas actuantes (en momentos y por tareas determinadas) con la batalla política contra las ideas, los programa y los métodos de organización que consideraban superados y equivocados. Es lo que sucede al interior de la Liga de los Justos y la batalla por transformarla en Liga de los Comunistas, aunque ello significase la ruptura con los “socialista utópicos” y los proudhonianos.

Al mismo tiempo, nos muestra a Marx y Engels como profundamente humanos, apasionados por las mujeres a las que amaban, las contradicciones de Engels con su origen de clase burguesa, las penurias económicas y de salud que viven Marx y su familia, la amistad inquebrantable de ambos. Es conmovedora la escena en que Marx estaba flaqueando en la tarea de escribir el Manifiesto Comunista y Engels lo respalda, y lo escriben juntos.

Un párrafo final para las mujeres de ambos y la reivindicación de su papel en la historia. Por un lado, Jenny Marx que renuncia a una vida de riqueza y lujos en la nobleza alemana para ser el respaldo sin el cual Marx no habría podido hacer todo lo que hizo. Pero que, además, tenía la inteligencia para seguir e intervenir en los debates y elaboraciones de su esposo y aportarle ideas.

Por el otro, Mary Burns, compañera de Engels, joven obrera irlandesa radicada en Manchester, mujer libre y “pura pimienta”, capaz de enfrentar al patrón de la fábrica (el padre de Engels) y de ser el nexo de su compañero y de Marx con el movimiento obrero inglés (es ella la que los relaciona con la Liga de los Justos). En momentos en que no era fácil para una mujer, ambas son centrales en la historia y merecieron ser reivindicadas como personajes importantes.

La película termina con el Manifiesto Comunista y las imágenes del filme transmiten que ese fue el gran legado de Marx y Engels a los trabajadores del mundo. Hubo, por supuesto, una larga historia posterior, pero es válido decir que el eje de la historia continúa siendo la lucha de clases del proletariado contra la burguesía y que la respuesta del Manifiesto ha trascendido, y resuena como la gran tarea: ¡Proletarios de todos los países, uníos!         

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